A NUESTROS MAYORES. METAPOLÍTICA DE LA ANCIANIDAD

“Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado”. (Quevedo)

“Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. (Ingmar Bergman)

“La madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando eramos niños”. (Frederich Nietzsche)

Tras nuestra Cruzada de Liberación Nacional de 1936-39, a la heroicidad militar le siguió una heroicidad civil sin precedentes en nuestra sagrada Patria, ELLOS reconstruyeron y volvieron a levantar España de sus cenizas, muchos de los servicios que aún hoy disfrutan tanto canalla, tanto charlatán de feria y tanto desalmado desmemoriado, fueron fruto del esfuerzo y del trabajo abnegado de nuestros mayores, de NUESTROS MEJORES; hasta tal punto fue así que de aquella España miserable y triste emanada de la decadencia liberal y de la criminal República demomasónica y pre-marxista, arrasada nuestra Patria por interminables conflictos de todo tipo, en pocas décadas y sin apenas ayuda del exterior, se convirtió en una de las primeras 10 potencias mundiales. El espíritu ascético y castrense de nuestra Cruzada y de la Falange en cierto modo se somatizaron en el mundo del trabajo y de los oficios. Una fe resuelta y colectiva alumbraron aquella impresionante etapa de reconstrucción nacional que discurrió principalmente entre 1939 y 1957 (luego llegaron los meapilas de la “eficacia” tecnocrática y todo se fue al traste…) Una etapa en la que evidentemente no faltaron el hambre, las enfermedades y las cartillas de racionamiento, pero también una etapa que nos hablaba de Poesía, de Imperio, de Luceros, de Mística, de las virtudes del Honor, de la Familia, de la Fe, de Misión, del Valor, de la Lealtad, del Espíritu de Sacrificio, del Trabajo entendido no como un quehacer puramente alienante como en las malditas plutocracias, sino como una acción formativa de la persona (recordemos las fantásticas Universidades Laborales creadas por los falangistas).

En todas las tradiciones sagradas de Occidente y de Oriente la ancianidad era venerada, los consejos de nuestros mayores eran algo a tener muy en cuenta, era una sabiduría adquirida por la experiencia, por el decurso natural del tiempo, sus vidas vividas eran desde luego muchos más interesantes, inspiradoras y atrayentes que la de cualquier majadero de la actualidad borracho de hedonismo y de vacío existencial, aunque sus asquerosas bocazas democráticas y cientifistas pretendan aparentar lo contrario. La Modernidad odia la ancianidad, odia a nuestros mayores porque “son inútiles e improductivos” (cada vez se cortan menos esta gentuza en hacer tales afirmaciones), al no encajar en su diabólica visión progresista y lineal del mundo que fatalmente nos conduce al abismo. Una sociedad que desprecia a los ancianos (de hecho ya no respeta ni a los muertos…), es una sociedad condenada merecedora de todos los castigos habidos y por haber.

Aún recuerdo los consejos de mi abuelo, hombre de misa diaria, todo un caballero castellano y falangista apasionado por el mundo del Agro. Aún recuerdo las caminatas que hacíamos cuando yo era pequeño por la era de un viejo pueblo segoviano, por sus valles, por el río, por su cerros. Aún recuerdo con nostalgia verle trillar en la era con alegría, siendo pequeño incluso alguna vez me montó con él en el trillo, actitud que hoy cualquier pedagogo afeminado del Sistema tacharía de temeraria e inconsciente cuando no condenable (así están de acaramelados y agilipollados los niñatos de hoy). Aún recuerdo sus historias, sus andanzas -fue de los españoles que hicieron las Américas en los años 20 del siglo pasado-, sus vivencias durante la Cruzada. Gracias a él, siendo un crío, empecé a fascinarme por la figura de José Antonio Primo de Rivera y por todo lo que fue la Falange en la que militó. No, él ya anciano no era “inservible” como hoy diría mucho hijo de puta, era un Señor, era un Caballero, cualidades que hoy brillan por su ausencia en este mundo putrefacto y degenerado hasta límites insospechados. Aún conservo una vieja fotografía que el paso del tiempo ha estropeado pero no ensuciado, trillando en la era con mi abuelo, calculo que de 1968 ó 69. La guardo como si fuera un tesoro, la plasmación de un tiempo inolvidable y que aún perdura en mi memoria.

Nuestros mayores hoy arrinconados, olvidados, negados por esta podrida sociedad plutocrática de malnacidos, esta maldita democracia de gentuza barriobajera; aunque esta desalmada sociedad materialista y hedonista les olvide o dé la espalda: SIEMPRE PRESENTES ESTARÁN EN NUESTRO AFÁN. NUNCA OS OLVIDAREMOS.

Como decía un viejo himno de la Falange (Montañas Nevadas):

“Renovando y construyendo,
forjaré la nueva historia;
de la entraña del pasado
nace mi Revolución”

y precisamente fueron (son) nuestros mayores parte importante en la transmisión de ese pasado del que tanto reniega, manipula o tergiversa a placer este Sistema tiránico e infernal. ELLOS nos traspasaron la antorcha que, en mayor o menor medida, sigue alumbrando este mundo a oscuras y en tinieblas.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

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