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MEDITACIONES DE LAS CUMBRES. JULIUS EVOLA

 

Meditazioni delle vette —su título original en italiano— fue editado por vez primera en 1974 por Ed. del Tridente, de La Spezia, y se trata de una compilación realizada por Renato del Ponte, discípulo y estrechísimo colaborador de Evola. Dicho volumen tuvo reediciones en 1979 y 1986. En 1997 fue reeditado por Sear, de Borzano, y este verano de 2003 apareció la última de la mano casa editora italiana Mediterranee. Para esta reedición en nuestro idioma hemos empleado, con unas correcciones apenas perceptibles, el mismo texto —la impecable traducción de Joaquim Bochaca— que en 1978 vio la luz de la mano de la mítica editora barcelonesa Nuevo Arte Thor; esto es, la basada en la primera edición italiana de 1974.

Ante la necesidad de un texto introductorio no tuvimos dudas y nos hemos servido de una soberbia, extensa y densa Introducción a Julius Evola, obra de Philippe Baillet —traductor al francés, entre otros muchos trabajos de Evola, precisamente de Meditaciones de las cumbres—, texto publicado en castellano por la desaparecida Eds. Alternativa, a la que nunca agradeceremos lo suficiente sus ímprobos esfuerzos, en la década de los ochenta, por a dar a conocer al insigne romano en nuestro país, particularmente en los ambientes radical-patrióticos.

Las páginas que siguen no son el fruto de frías especulaciones intelectuales o espirituales. Evola, en efecto, practicó durante las décadas veinte y treinta el alpinismo a un alto nivel. El hecho de que este volumen sea considerado un clásico dentro de la llamada literatura de montaña, es prueba suficiente de la autoridad del maestro también en este ámbito. Pero, obviamente, no todo queda aquí: Meditaciones de las cumbres es, por encima de magnífica literatura de montaña, un excelente antídoto contra, para emplear las mismas palabras que Evola, “los demonios de la metrópoli que petrifican cualquier tipo de vida, ahogan cualquier respiración, y contaminan todas las fuentes”. Ni rastro en las páginas que siguen, pues, de ecologismos lavaconciencias, amores a la naturaleza impregnados de banalidad humanista, o anestesiantes porquerías yanquis tipo New Age. Meditaciones de las cumbres conforma un haz de textos sin concesiones a lo ideológicamente correcto: hiperbóreo, difícil, profundo, duro, con aristas y donde la primacía de la acción —en el plano exterior— y la ascensión a la sobrehumanidad —en el plano interior— son más que evidentes, pues no en vano —dirá Evola— “la montaña enseña el silencio, aparta de la cháchara, de las palabras inútiles, de las inútiles y exuberantes efusiones”.

El editor.

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