MIKIS MANTAKAS IN MEMORIAM

Aunque han pasado cuarenta y seis años, recuerdo ese día como si fuera hoy.

La muerte de Mantakas también me llamó la atención por los símbolos que la acompañaban.

En ese momento en Italia se creía que todos los griegos eran de izquierda y, en cambio, el único mártir era de nuestro lado. Luego fue un griego el que cayó en Roma, como para sellar las raíces heleno-romanas de Europa y la civilización. Era sobre todo un camarada caído y para nosotros camarada significaba mucho más que italiano o griego porque en ese momento pensábamos “mi patria es donde luchas por mis ideas”. Camarada, en la guerra, está más allá de cualquier distinción.

Para nosotros la nación era fundamental, pero más arriba había algo que la trascendía. El sacrificio de Mikis en una tierra extranjera lo personificó de una manera extrema.

Cuando mi compañero Walter Spedicato murió en el exilio en París, el recordarorio sagrado en su memoria llevaba esta frase alemana elegida por Alain de Benoist:

“Quien se enamora de sus ideas descansa en casa incluso en tierra extranjera”.

No hay tierra extranjera para nosotros en Europa.

GABRIELE ADINIOLFI

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