EL MITO KALASHNIKOV

Con cien millones de unidades fabricadas, es fácil pensar que Mijaíl Kalashnikov fue el diseñador e inventor del mítico fusil de asalto más usado en el mundo. Y en cambio no fue así, porque a su alrededor, supo desde el principio fabricarse una leyenda que a simple vista parece funcionar, excepto para algunos que conocemos la verdadera historia que se oculta tras esta legendaria arma.

Hay que remontarse atrás en el tiempo y realizar un somero repaso a las armas que marcaron una época, nacidas en el seno de la industria armera alemana. El primer hito de este país fue la fabricación del fusil Máuser, una verdadera revolución en su época y que los soldados españoles tuvieron la ocasión de valorar, cuando llegó el momento de combatir en las guerras de Cuba y Filipinas. Si pudiéramos oír los ecos de los disparos en la conocida colina de San Juan, lo más lógico sería escuchar cómo las descargas de los españoles se imponían nítidamente a las de los norteamericanos. Claro, que este fusil, tras la I Guerra Mundial, fue declinando en beneficio de otras armas de repetición mucho más letales.

Alemania, siempre atenta a las necesidades bélicas de sus ejércitos, ya puso en funcionamiento un subfusil ametrallador que en el año 1940, dotaba de capacidad de fuego muy superior a sus fuerzas armadas. Me refiero, naturalmente, a la Shmeisser de calibre 9 Parabellum, de poco coste, fácil manejo y que intercambiaba su munición con las pistolas de reglamento Luger y Walter. Los acontecimientos que rodearon a todo el desarrollo de la II Guerra Mundial, demostraron que era necesario diseñar un arma de largo alcance, de calibre superior y de fuego de repetición. En resumen, lo que conocemos como un fusil de asalto. Y no fue hasta 1944, en que los fabricantes alemanes dieron con la solución y con el modelo definitivo que se convertiría en el padre de todos los fusiles de asalto de todas las épocas hasta el día de hoy. Me refiero al poco conocido Machinenpistole MP44. Claro que, cuando hizo su aparición en el frente, ya era demasiado tarde para cambiar los acontecimientos. He puesto su nombre completo, con el fin de que si alguien siente curiosidad por ver su imagen, pueda hacerlo y advertir, que podría con ligeros retoques, ser un arma plenamente actual.

El Kalashnikov es un hijo natural del fusil alemán, más burdo, más barato y también más ordinario en sus mecanismos, pero está claro que su creador se llevó alguna de estas armas primigenias a la Unión Soviética y copió si rubor alguno el diseño de sus enemigos. Cuando el fusil ruso, presente en todas las guerras en las que intervinieron las potencias orientales, hizo su presencia efectiva, ya estábamos en el año 1947, tiempo suficiente para elaborar la propia creación basándose netamente en la alemana. No fue España ajena a este furor por fabricar sobre el original un arma propia y así, nació el CETME, otra copia que nunca llegó a alcanzar el esplendor del alemán. ¿Cuál es la diferencia entre las armas? La diferencia radica en que el prototipo alemán era mucho más costoso, de más esmerada terminación y con un mecanismo de ajuste mucho más selecto, lo que obligaba a un superior mantenimiento y por tanto a una aplicada limpieza diaria con el natural engrase de sus componentes móviles.

Mijaíl Kalashnikov, no era más que un mecánico de carros que servía como otros miles en el Ejército Rojo. Seguramente poseía rudimentarias nociones de mecánica y por tanto, con un modelo a su alcance, no le fue muy difícil copiar en parte los componentes básicos, aunque adaptándolos a la idiosincrasia rusa y a los más rudimentarios procesos de fabricación de su país. El empeño le dio resultado, pues sus superiores militares dieron el visto bueno al arma que les presentó y con el tiempo, el suboficial ascendió a coronel y su fusil de asalto se vendió a más de medio mundo, nutriendo revoluciones, armando a rebeldes de todas las especies, logrando colocarse por su éxito hasta en la actual bandera de Mozambique, quien le rinde así homenaje por los servicios prestados. El quid básico de su arma radica en que, un menor ajuste permite casi un nulo mantenimiento, consiguiendo de este modo que, aunque utilizado en ambientes hostiles como puedan ser la nieve, el desierto o las junglas jamás se encasquille o falle disparo alguno. Tiene una contraprestación desfavorable que se hace notar desde los primeros instantes, su mecanismo le confiere al disparar un ruido inconfundible delatándose el arma al oído y logrando que el teórico enemigo sepa por este mismo ruido de dónde procede el fuego hostil. Algo que concede al oponente una ventaja nada despreciable.

Así que, los soviéticos no sólo lograron vencer y dividir a Alemania, además se llevaron toda la industria pesada que lograron desmontar, todas las locomotoras que aún funcionaban y aquel humilde pero curioso suboficial, se llevó consigo sin saberlo un arma que lo haría famoso en todos los continentes, aunque no fuera de su invención.

Gerardo Lombardero

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