“MONCHÍN”

Aunque ahora nos lo quieran ocultar, reescribiendo el relato de los hechos históricos amén de imponiendo una única memoria, nuestra Guerra Civil dejó miles de personas cobarde e irracionalmente asesinadas en la retaguardia frentepopulista por el mero hecho de profesar la fe católica, caso del jugador de fútbol que nos ocupa.

Nacido en 1902 en Fuenterrabía (Guipúzcoa), Ramón Triana y del Arroyo “Monchín” mostró desde muy temprano grandes cualidades para la práctica del balompié, por lo que en 1919 sería fichado por el Atlético de Madrid, club donde va a destacar como delantero hasta 1928. Precisamente en esa temporada, y para hacer frente a los problemas económicos del equipo colchonero, fue traspasado al Real Madrid, donde pasó a jugar de extremo y con el que ganó la Liga de 1931/1932.

Perteneciente a una familia de profundas convicciones monárquicas a la par que católicas (de hecho su padre era miembro de una de las cofradías más importantes de la capital de España), la misma sufrió persecución nada más estallar la contienda bajo la falsa acusación de pertenecer al bando Nacional, lo que obligó al propio internacional guipuzcoano (había debutado con la selección en marzo de 1929 contra Portugal) a volver a jugar, si bien esta vez al gato y al ratón con la canalla chekista para salvar su vida, a la que burlaría en varias ocasiones en aquel fatídico Madrid.

Pero finalmente y para evitar que los criminales milicianos anarco-comunistas hicieran daño a sus progenitores, decidió entregarse, pensando que su popularidad como antiguo futbolista le serviría de immunidad. Ocurrió todo lo contrario: sería conducido a la cárcel Modelo (en la que coincidió con otro mito de entonces, el portero Ricardo Zamora) y, con la excusa de un traslado a Chinchilla, ejecutado junto a una treintena de compañeros reclusos en las tapias del cementerio de Vaciamadrid durante las ominosas sacas acaecidas en noviembre de 1936 (en las que también perecerían sus hermanos Enrique e Ignacio).

En un merecidísimo homenaje a su figura, se instituyó en nuestra Liga española -de la mano de los diarios “Arriba” y “Marca”- el “Trofeo Monchín Triana”, que premiaría al jugador más deportivo y fiel a sus colores entre 1953-1968.

NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA

Cachús

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