NAKAM O LA VENGANZA JUDÍA

Nakam (Dam Yehudi Nakam, “La sangre judía será vengada”) fue una organización extremista judía, fundada por Abba Kovner en 1945, después de haber sido derrotada Alemania en la Segunda Guerra Mundial, cuyo objetivo era ejecutar una “venganza contra los alemanes” por el llamado “Holocausto”, de creencia obligada por imperativo legal. Sus miembros eran llamados los Nokim, es decir, los “Vengadores”, o los “Judíos Vengadores”.

Uno de los planes iniciales de este grupo de terroristas consistía en asesinar a seis millones de civiles alemanes, sin distinción de edad ni de sexo, para cumplir así la judaica Ley del Talión: “ojo por ojo, diente por diente”. El método decidido finalmente para efectuar este crimen fue el envenenamiento simultáneo de los suministros, fuentes, depósitos de agua y canalizaciones de las principales ciudades, utilizando un poderoso veneno en grandes dosis. El temor a lo que pudiera suceder con muchos judíos que no estuvieran implicados en la operación y las represalias de las autoridades de ocupación propició que se abandonara el llamado “Plan A”. Así fue como luego el grupo se dedicó principalmente al “Plan B”. Tras algunos meses de búsqueda, eligieron un nuevo objetivo.

Fue así que en la noche del 13 al 14 de abril de 1946 envenenaron con arsénico los panes para 36.000 prisioneros miembros de la SS, recluidos en la prisión de Langwasser de Núremberg. El plan fracasó parcialmente, pues sólo pudieron envenenar una mínima parte de los panes. Según cálculos de “los vengadores judíos”, 4.300 prisioneros tuvieron molestias intestinales y un millar aproximadamente, fue transportado de urgencia al hospital.  Durante los días siguientes a la operación, murieron de 700 a 800 prisioneros. Otros más atacados de parálisis, murieron en el transcurso del año. En total, “los vengadores” dieron la cifra de unos mil muertos y varios miles de enfermos, muchos de los cuales morirían posiblemente también.

Posteriormente, según confiesa el judío Michel Bar-Zohar, quien tomó parte en los actos de Nakam, vanagloriándose de ellos, se cometieron otros dos atentados con envenenamiento de pan, con numerosas víctimas (sin especificar cifras) en otros campos de prisioneros, así como de la colocación y explosión de minas en el interior de un campo;  el incendio de un cinema “donde muchos alemanes perecieron”; el nuevo proyecto de envenenamiento de los depósitos de agua de Berlín, Munich, Núremberg, Frankfurt y Hamburgo (que fracasó por haberlo impedido las autoridades de ocupación), las innumerables ejecuciones de oficiales y soldados alemanes en campos de concentración por médicos judíos, etc.  Inmediatamente comenzaron a surgir otras historias acerca de muertes misteriosas. Por ejemplo, la de que un nazi que estaba hospitalizado, murió a causa de una intervención menor, cuando misteriosamente se encontró cierta cantidad de queroseno en su sangre.

Rápidamente se volvieron más ambiciosos con respecto a sus objetivos que incluían al abogado Wilhelm Stuckart, autor de las Leyes de Núremberg, cuyo trabajo consistió en proveer una justificación legal para la Solución Final. Después de la guerra, Stuckart regresó a la práctica privada luego de una breve estancia en prisión. Los “vengadores” consiguieron eliminarlo en 1953. Aunque su muerte pareció resultado de un accidente automovilístico, Joseph Harmatz sabía que no había sido así.  Otra de sus víctimas fue Otto Abetz, embajador alemán en Francia durante los años de Vichy, quien había deportado a gran cantidad de judíos franceses a los campos de concentración. Lo mataron en otro “accidente” de automóvil en 1958.

Finalmente Aleksander Laak, quien dirigió un campo de concentración en Estonia, fue culpado por la supuesta muerte de 100 mil personas. Después de la guerra Laak se había refugiado en Canadá y estaba felizmente casado en Winnipeg bajo un nombre falso. Los “vengadores” lo acorralaron y le dieron a elegir entre ahorcarse en la cochera de su casa o matarlo delante de su esposa. Él prefirió ahorcarse.

Kovner reanudó su plan para asesinar a seis millones de alemanes y se relacionó con Chaim Weizmann, químico de la Universidad de Manchester a quien le informó que quería envenenar los suministros de agua de Múnich, Berlín, Núremberg, Hamburgo y Weimar, cuyos habitantes sumaban aproximadamente seis millones. Weizmann dio su consentimiento y accedió a ayudar a Kovner para identificar el lugar en donde poner el veneno. La planta elegida fue la compañía Potash del Mar Muerto. Armado con dos cantimploras llenas de veneno, Kovner partió hacia Alemania, aunque fue arrestado por la policía militar británica. Algunos de los “vengadores” decidieron renunciar para trabajar en una de las agencias de inteligencia más temidas e inhumanas del mundo: el Mossad.

El Oberlandgericht Nürenberg suspendió en mayo de 2000 la prosecución legal de dos activistas del Nakam por la presencia de prescripción y “circunstancias muy particulares”.

ALFRED HORN

 

 

 

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