NEGACIONISTAS

Es el término de moda. Se utiliza profusamente en las teles, en los diarios, en el bar, en la pescadería, en la cola del súper… siempre utilizado por quienes parecen detentar por designio divino la quintaesencia de la verdad absoluta.

Hasta hace bien poco, exactamente hasta antes de la aparición del coronavirus, los negacionistas eran quienes negaban o ponían en entredicho la verdad absoluta impuesta a golpe de Código Penal en lo referente al denominado “Holocausto”. Cualquier estudio histórico que pretendiera demostrar que tal cosa no era como se cuenta oficialmente por los vencedores de la IIGM era fulminantemente rechazado y sus autores enviados al hotel de las rejas. Pero no es necesario hablar en pasado, esto sigue sucediendo en la actualidad.

Los negacionistas de ahora son algo distinto. La etiqueta se coloca (más que a los que niegan que exista el virus) a los que dudan sobre el asunto de la vacuna milagrosa. Unas dudas que se derivan de varios factores que no vamos a enumerar aquí pero lo cierto es que, según va transcurriendo el tiempo, la propaganda oficial ha tenido que ir moldeando su versión a medida que los hechos no concuerdan con lo contado desde sus púlpitos mediáticos y a medida que la realidad de la inoculación masiva experimental muestra al rebaño que es precisamente eso: experimental. Al principio la vacuna (por llamarla así) inmunizaba. Después resulta que no inmuniza del todo, el vacunado puede contagiar a los demás. Más tarde los “inmunizados” se ve que también pueden contagiarse y enfermar. Ahora en las UCIS están ingresando también junto a los no vacunados… sin olvidar a quienes padecen problemas graves de salud o directamente la cascan por efecto de la “vacuna”.
Al que osa poner de relieve esto que está sucediendo se le etiqueta acusadoramente: ¡negacionista!. Que en realidad se entiende como sinónimo de lunático.

A los primeros negacionistas que antes mencionábamos, los del llamado Holocausto, el sistema les tilda de nazis. A los segundos de chifletas. En ambos casos se les impone la exclusión y la muerte civil, aunque al menos a los de la vacuna no se les envía al trullo… de momento.

LUIS M.

 

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