NI ERAN ANGELITOS NI TENÍAN POR QUÉ SERLO

 

Como suele suceder en España –y el caso de la División Azul no iba a ser una excepción- el enfoque y consideración de los hechos históricos está sometido a movimientos pendulares que los traen y los llevan desde el encomio empalagoso al vituperio repugnante.

En España algunas publicaciones y películas recientes, han querido dar una imagen de la División Azul en la que se mezclan sentimientos derrotistas, arrepentimiento por supuesta complicidad en los crímenes de guerra atribuidos a los alemanes, alistamiento forzado, una supuesta baja consideración por parte del mando alemán y, en el mejor de los casos, una descripción de sus soldados como pobres muchachos engañados, unos angelitos, que no hicieron sino sufrir derrota tras derrota en un ambiente de horror y sufrimiento.
En definitiva, una visión muy de nuestro tiempo, que abomina de cuanto represente noble compromiso y voluntad de servicio a ideas y principios que no comprende porque no le son propios.

Afortunadamente, en el caso de la División Azul, abundan las referencias fidedignas de todo tipo, desde la memoria legada verbalmente y por escrito por los propios divisionarios en numerosas obras literarias, a los archivos de la Whermacht y del Ejército Soviético, sin olvidar numerosos estudios y tesis elaborados por autores de diversos países.

Lo cierto es que la División Azul, superados los momentos iniciales de choque cultural con los alemanes, llegada la hora del combate, se hizo acreedora al respeto y admiración de éstos y del enemigo. En palabras del propio Hitler: “Nuestros soldados saben que pueden estar tranquilos si tienen españoles en su flanco”.

Aunque conmemoramos por estas fechas la gesta de la División Azul en Krasny Bor, merece la pena recordar una acción que tuvo lugar un año antes, quizá sin la magnitud de la Operación que los rusos denominaron “Estrella Polar” para liberar Leningrado y a la que nuestra División se enfrentó en manifiesta inferioridad, logrando aun así detener el avance soviético.
Un punto de partida para el justo reconocimiento de la División como una unidad militar dura, expeditiva y por lo tanto fiable en el combate, fueron los hechos acaecidos el 27 de diciembre de 1941, un año antes que Krasny Bor.

Desde su incorporación al frente el 12 de octubre de 1941, la División Azul había cubierto la orilla occidental del río Voljov cuyo curso nace en el lago Ilmen y sigue dirección NNE hasta desembocar en el lago Ladoga. El día 19 de octubre, fuerzas divisionarias cruzaron el río consiguiendo, a lo largo de mes y medio de combate, ocupar algunas poblaciones a costa de gran esfuerzo, con gran número de bajas y soportando duros contraataques rusos .
A mediados de diciembre de 1941, la ofensiva alemana en el Este se había detenido y los rusos contratacaban a un enemigo que pasaba a la defensiva por primera vez desde el comienzo de la operación Barbarroja. Consecuencia de esta nueva situación fue la retirada a la orilla occidental del Voljov de toda la fuerza alemana que lo había pasado en octubre, incluidas las unidades de la División Azul. No pudo consolidarse la ganancia previa de terreno.
Así, las noche del 26 al 27 de diciembre de 1941, una potente fuerza soviética atravesó el río por el mismo sitio que lo hicieron en su día los españoles, aprovechando lo que creían un hueco en el dispositivo de la División Azul, para envolver a las guarniciones españolas de Udarnik y Lobkovo. No se trataba de un golpe de mano, sino del preludio y parte importante de una ofensiva general que habría de establecer una cabeza de puente consolidada en la orilla Oeste del Voljov. Este movimiento soviético se coordinaba con otros cuyo objetivo último era forzar a los alemanes a levantar el sitio de Leningrado.
Sin embargo, la acometida rusa se encontró con un punto de resistencia, la posición “Intermedia”, mandada por el alférez Rubio Moscoso, que fue arrollada y su guarnición aniquilada de manera crudelísima, no sin antes resistir hasta el último cartucho. La ofensiva rusa en la zona continuó, pero fue inicialmente rechazada por una serie de rabiosos contraataques españoles.

Gran mérito el de estos contraataques, pues fueron ejecutados por fuerzas muy castigadas en las operaciones previas, hasta el extremo de que los mandos alemanes propusieron su relevo al general Muñoz Grandes quien, sabedor de las consecuencia políticas que tal relevo podía tener, se negó. Era cuestión de demostrar al mando alemán que los españoles habían ido a Rusia a hacer la guerra con todas sus consecuencias y que eran tan capaces de ser yunque como de ser martillo.
Cuando los españoles recuperaron “La Intermedia”, encontraron a todos los defensores muertos: los heridos habían sido rematados y acuchillados sañudamente, los cadáveres clavados al terreno con picos… Se había cumplido trágicamente la orden del general Muñoz Grandes a sus organizaciones defensivas ante la inminente ofensiva rusa.: “No es posible retroceder. Tenéis que permanecer clavados al terreno”
Sonaron gritos de rabia: ¡Venganza!
Un superviviente de aquella acción, Carlos María Ydígoras de 17 años a la sazón, reflejó su vivencia en su libro “Algunos no hemos muerto”: «Debía asustar vernos contemplar la bayoneta, acariciarla como si se tratase de una reliquia… Lo que ocurrió cuando nos abalanzamos sobre los rusos entra dentro de los ámbitos del delirio… Los que se rendían, los que aún luchaban o intentaban huir, eran abatidos igualmente de una manera salvaje».

La contraofensiva española fue demoledora para la fuerza atacante. No hubo cuartel: 1080 rusos quedaron en la orilla occidental del Voljov, ninguno de ellos como prisionero.
Aquí comenzó para aliados alemanes y enemigos rusos el justo y merecido respeto con el que, para el resto de la guerra, distinguieron a la División Azul, respeto que se fue incrementando hasta la vuelta a España de sus últimas unidades.

No eran pobres chicos derrotados a priori, eran soldados españoles combatiendo por sus ideales sin regatear sacrificio ni valor, como describe a la perfección la siguiente estrofa de una de sus canciones:

Cuando entramos en combate
Lo hacemos con celo y brío
Forjando a golpes de sangre
Nuestra fama de bravíos.

Tanto yunque como martillo

FAUSTO HERAS

 

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate