NIÑO, NO SEAS BESTIA

Estoy convencido de que mi madre me quiere muchísimo, sin embargo, le entristece que haya salido “de esos”. Seguro que a todos nos ha pasado. Le enseño mis artículos y dice «que lástima que estés malgastando tu talento», «hay cosas que argumentas muy bien pero hay otras que pueden ser ofensivas». Enseño mis artículos a mis amigos y dicen lo mismo, «tío eres la leche, pero se te va la pinza». Yo les respondo a todos igual, no me interesa lo más mínimo caer bien ni ser políticamente correcto. No me da la gana tragar mierda y sonreír mientras escribo cosas que no me gustan. Escribo para compartir mis ideas y para dar argumentos válidos y formación. Si llamar a un hombre de color (siendo ahora sí, políticamente correcto) “negrito” es ofensivo para alguien, acepto la crítica pero no me interesan las pajas mentales.

También hay personas que me aconsejan ser menos áspero por la famosa lista negra de las fuerzas del orden. Todos los subversivos quedan registrados en una lista “por si las moscas”. Pues oigan, yo siempre les respondo extrañados que creía que estamos en una democracia donde la libertad de expresión y pensamiento son valores fundamentales. Parece que al final, el loco conspiranoico es el más cuerdo. ¿Qué hay que temer si de verdad se respetan esos valores? Me pregunto si la masa popular despolitizada y borreguizada seguiría creyendo el cuento de la democracia de conocer las persecuciones actuales hacia nuestros camaradas.

No hay nada ofensivo en llamar a las cosas por su nombre (y por favor, que nadie entienda que llamo cosa a los negros). Yo, como todos nosotros en general, vivo fuera de la superficialidad moral de una sociedad alienada. No hacemos lo nuestro para cobrar sino por convicción. De igual forma, nuestros lectores no nos leen por nuestra dulzura ni por simpatía, sino por su afinidad con nosotros, su curiosidad o interés.

Como yo, todos tenemos a alguien que nos dice «niño, no seas bestia» pero… ¿qué se le va a hacer? No somos castosos adornando programas de pega con palabras bonitas, la verdad de nuestro discurso impacta por su factor radical. Por esta convicción, seguimos alarmando a los fans de lo socialmente aceptado, seguimos siendo perseguidos, seguimos siendo condenados, pero lo peor de todo, lo que más les fastidia a nuestros enemigos, es que seguimos. Sin tibiezas, siendo tan bestias como dice mi madre o incluso más. Y esto precisamente es lo que más admiro de nuestro movimiento y de los leales que siguen firmes tras sufrir en sus carnes la Democracia.

¡Honor a las ratas negras! ¡Larga vida a los malditos!

ARDITI

 

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