NO ES LA RELIGIÓN

Hace poco escuché unas declaraciones de cierto cantamañanas siniestro y ecuménico de cuyo nombre no quiero acordarme. Hablaba el nota sobre el terrorismo islámico, aunque supongo que, en su calidad de ilustre vocero del NOM, no lo llamaría así: ya sabemos que los atentados que están ensangrentando Europa son, oficialmente, casos aislados obra de perturbados y bla, bla, bla.
El pintoresco tiparraco, para remachar su discurso progre y buenista, decía que el mundo estaba en guerra pero que no se trata de una guerra de religiones. Y, por una vez, estuve de acuerdo con el malevo y malévolo preboste.

Hace siglos que el enfrentamiento entre Europa y el Islam dejó de ser una guerra de religiones.
Siempre fue una guerra de civilizaciones.
Lo que pasa es que hubo un tiempo en que ambas civilizaciones, pujantes, plenas y convencidas de su destino, empuñaban la bandera de la religión como componente fundamental de su identidad.
Ambos contendientes estaban dispuestos a morir y a matar para vencer a su metafísicamente incompatible rival. Ahora sólo uno de ellos lo sigue teniendo claro. El otro, asfixiado por toneladas de basura políticamente correcta, es una caricatura ridícula e inerme.

El Pensamiento Único diseñado en los laboratorios y sanedrines de la Escuela de Frankfurt ha castrado moral, intelectual y socialmente a Europa.
Al europeo derrotado militarmente por la Usurocracia en 1945 se le ha enseñado a avergonzarse de sí mismo, a renegar de su Historia, a pedir perdón por su raza y a burlarse de sus tradiciones.
El resultado no ha podido ser más idóneo para los putrefactos intereses del libre mercado: el europeo medio es un alfeñique amariconado y lleno de complejos que asume como verdades incuestionables todos los dogmas y leyendas negras inventados por los narigudos guionistas del NOM.

Como traca final, frente a este rebaño troquelado en la blandenguería más inane y el consumismo más compulsivo, la oligarquía financiera ha inundado Europa con una inmigración masiva y descontrolada.
Con dos objetivos:
A corto plazo, lo que pretende con esta marabunta extraeuropea esa oligarquía voraz llamada “el mercado” es precarizar las condiciones laborales. Abaratar la mano de obra para mayor gloria de amanciortegas, carloseslines y demás marrajos multinacionales.
A largo plazo, lo que se persigue es mucho más siniestro. Se trata del genocidio de los pueblos europeos mediante el multiculturalismo, la reducción de la natalidad y el mestizaje.
Ambos objetivos de los capitalistas amos del mundo son aplaudidos con entusiasmo por una izquierda europea que ha cambiado sus reivindicaciones económicas por la demagogia degenerada de los “valores progresistas”: feminismo sicópata, sensiblería animalista, aberraciones sexuales y pacifismo suicida.

Frente a esta fauna, los millones de musulmanes generosamente acogidos y subvencionados por los obedientes gobiernos europeos, mantienen intacta su fanática fe y su agresiva vocación de conquista.
Cualquier mojamé afincado en los islamizados barrios de una de nuestras ciudades es más coherente con su misión histórica, más devoto de su fe y más consciente de su destino como pueblo que toda la afeminada ralea de comedores de hamburguesas y cazadores de pokémon en que se ha convertido la mayoría de la juventud europea.

¿Quién creen ustedes que ganará al final?

J.L. Antonaya

 

ANT4

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