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NO ES TENDENCIA

Fue en la primavera de 1933 y coincidiendo con el reciente arranque del movimiento fascista español cuando, apadrinado por el PCE, se ponían en marcha las Milicias Antifascistas.
Su organizador fue Juan Modesto y su éxito consistió en conseguir unificar a una gran cantidad de jóvenes de distintos partidos, sindicatos y sensibilidades en general de la izquierda española a través de una sola idea raiz: el antifascismo.

No existía ningún punto de vista propio, ninguna idea, ningún programa, ninguna actividad original ni recibieron ningún tipo de formación política, ningún debate que pudiera generar tensiones en aquella amalgama de individuos de distintas procedencias, la singularidad de su mera existencia era la lucha contra el fascismo.
Daba igual que fueras de Kropoktin que de Lenin, de Garcia Oliver que de La Pasionaria, de Proudhom que de Marx… el único leit motiv que impulsaba a aquellas milicias era el odio visceral por los fascistas.

Modesto se entregó a formar militarmente a partir de 1934 (dos años antes de la contienda, para los de la Logse) a aquella legión y para ello reclutó a dos iconos del comunismo, el teniente de la Guardia Civil Francisco Galán y a Enrique Líster que -como Modesto- había recibido formación militar y de guerrilla en la URSS.
Constituidas definitivamente como un grupo autónomo -con la evidente tutela del PCE a través de sus mandos-, se denominaron Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) y adoptaron como uniformidad camisa azul celeste con corbata roja y los comisarios políticos cosieron sobre el bolsillo de su camisa la estrella roja de cinco puntas para distinguirse.

La instrucción militar la realizaban en las estribaciones de Madrid, generalmente en la sierra, y llegaron a formar en unidades organizadas y armadas antes del comienzo de las hostilidades un número próximo a los 2.000 milicianos.
Durante los años previos a la guerra civil, las Milicias desfilaban con gran marcialidad ante los asistentes a los mitines y manifestaciones del Partido Comunista para posteriormente formar un cordón de seguridad en torno a sus líderes o asegurando el perímetro del acto formando una barrera frente a los Cuerpos de Seguridad del Estado.
Toda aquella estudiada parafernalia paramilitar y su puesta en escena mostraba claramente a la sociedad la intención de los comunistas de subvertir el Estado, y la organización que a tal fin estaban acometiendo.
Las MAOC tras combatir en la defensa de Madrid fueron asimiladas por el Ejército Popular Republicano a comienzos del 37.

De todo esto hace la friolera de 85 años.
Ya ha llovido.
Hoy en día, el espíritu de aquel “antifascismo porque yo lo valgo” persiste en algunos grupos de jóvenes organizados como pandilleros o tribus urbanas y han perdido lo único que otorgaba cierta patina de respeto a su existencia: el orden y la disciplina militar para conseguir sus fines.
La poco disimulada aceptación del Sistema liberal por los herederos de las banderas rojas queda retratada en el acrónimo que identifica a sus otrora soldados: antifas.

El antifascismo de hoy no pasa de ser más allá de camarillas dispersas de zopencos que “combaten” al Sistema bailando pogo, agarrados al cuello de una litrona y fumando tabletas que un moro sacó de su culo tras pasar la aduana de Melilla.
¿Kropoktin, Malatesta…?, ¿en qué equipo juegan?

Definitivamente no son tendencia, solo son estiercol.

LARREA   EN/2017

 

lar17-horz

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