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ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE ESPAÑA

 

Al sur de ese gigante espacio lleno de agua llamado Océano Pacífico se encuentra el archipiélago Juan Fernández, situado a más de 670 kilómetros de las costas suramericanas. Está compuesto por dos grandes islas. La isla Robinson Crusoe (antiguamente llamada Más a Tierra) y la isla Alejandro Selkirk (antiguamente Más Afuera), un gran islote llamado Santa Clara e islotes pequeños. Un lugar mítico que con piratas, marinos, cárceles, tesoros y hasta con Robinson Crusoe se hizo legendario.

Su descubridor fue Juan Fernández, natural de Cartagena (Murcia), navegante comercial y hombre de negocios acostumbrado a recorrer los mares americanos para poder llevar las mercancías de un lado a otro.

Un 22 de Noviembre de 1574, mientras regresaba de una expedición en el norte del continente americano, decidió alejarse de la costa con el objetivo de evitar la Corriente de Humboldt, que hacía que cada viaje hacia el sur se hiciera interminable debido al levantamiento de aguas profundas, que obligaba a los navíos a navegar numerosas millas contracorriente de cabo en cabo hasta encontrar su destino.

Cansado por esta pérdida de tiempo, nuestro navegante quiso optimizar el trayecto y decidió probar a alejarse de la costa intentando evitar la corriente, sólo navegando en ella cuando estuviese próximo su destino. No solo acertó de pleno, sino que en medio de su trayecto su tripulación avistó unas islas vírgenes cerca de las costas de Chile a las que decidió poner su nombre. El 22 de noviembre de 1574 quedó inmortalizado como el día del descubrimiento del archipiélago Juan Fernández, que pasaría a engrosar las listas de propiedades de la Corona española, en aquel entonces reinada por Felipe II.

Aunque como la mayoría de los territorios de Ultramar quedaría en el olvido de las autoridades ibéricas ante la imposibilidad, física y técnica, de poder controlar todas sus posesiones.

Hasta 1749, el archipiélago quedó abandonado a la suerte de corsarios y piratas que lo usaron para esconderse y guardar sus botines. En ese año los españoles, cansados de mantener una guarida para sus enemigos construyeron un fuerte amurallado llamado Santa Bárbara en la isla Más a Tierra, convirtiendo el lugar en un enclave táctico para controlar el Pacífico Sur.

Finalmente y tras la conquista chilena de las islas en el contexto de su independencia del imperio hispánico, los gobernantes del país decidieron cambiar el nombre de las islas. Una tomó el nombre de Robinson Crusoe, dado que allí fue donde sobrevivió el mítico náufrago de Defoe, y la otra el de Alejandro Selkirk, marino escocés cuya historia sirvió de base para la novela. No obstante, nuestro marino pudo mantener su lugar en los mapas.

Si fuese por héroes españoles que dar a conocer en las aulas, no bastaría con mencionarlos en los libros de Historia, sino que se habría de crear una asignatura exclusiva para ello. Pero claro, a la postre significaría que nuestros jóvenes tendrían hombres de honor como referentes y no engominados que cobran millones por darle patadas a un balón.

JORGE MARTÍNEZ

 

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