NORDLINGEN

…Cuando los suecos abren fuego las filas españolas nos arrojamos a tierra y pasan las pelotas de plomo por encima de nuestras cabezas, luego en pie rápidos como el viento y al instante sartenazo de mil arcabuces a la vez y la colina pronto queda llena de suecos muertos o arrastrándose moribundos y los tres afamados colores mezclándose en uno solo, el rojo de la sangre.

Pero son tenaces y hasta quince cargas consecutivas de los suecos aguantamos, sin ceder ni un milímetro de terreno con las banderas acribilladas e inamovibles.

Muros humanos nos había llamado alguien y ¡pardiez, qué razón llevaba!…

Nordlingen

Del libro: © Hierro y Plomo Cuentos de los Tercios Viejos

A. Villegas Glez.

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