NOSOTROS

Para nosotros, los hispanos, la Raza es una perpetuidad de virtudes e instituciones características.

Nosotros, los hispanos, nos distinguimos por nuestra cultura, por nuestro valor, por nuestra hidalguía, por nuestro sentido católico de la civilización.

Al realizarse la unidad española (en la unión de los reinos aragonés y castellano) y lograda la expulsión de los sarracenos, una España plena se lanzó a la epopeya más grande de la humanidad: el Descubrimiento del hombre por el hombre.

¡Sabe Dios qué cataclismo moral hizo posible la separación de la humanidad hasta el grado de desconocerse a sí misma! Pero lo cierto es que con el Descubrimiento de 1492, España conquistó la unidad humana, dio al mundo su unidad geográfica, hizo de la tierra una esfera.

Hasta entonces, el hombre no sabía dónde vivía. Su plano de residencia era una conjetura justo hasta que España le otorgó la seguridad y la estabilidad, y al sentirse en firme, el hombre comenzó de nuevo a andar.

El Descubrimiento abrió la senda para la investigación contemporánea en el terreno de las ciencias filosóficas y naturales, pues no sólo plasmó la ciencia de la navegación oceánica sino que trajo al hombre la conciencia del cosmos, poniendo al hombre a navegar en una inmensa flota de constelaciones por el espacio.

¿Acaso será infinito el cosmos en la eterna perspectiva de ese infinito espacio o será su destino un perpetuo hacinamiento y deshacinamiento en el milagro de la creación?

Sea como fuere, la primacía de la Raza española en Europa probó el beneficio que un equilibrio entre el valor y la santidad puede dar al mundo. Basta observar para darse cuenta que existe una experiencia histórica que nos destina a buscarnos a nosotros mismos para, así, devolver el equilibrio al mundo.

De hecho, hoy el sentido racial resurge victorioso: los amarillos se agrupan en Oriente para salvarse; Japón se siente providencialmente destinado a rehacer en Asia la unidad amarilla; las razas etíopes reaccionan igualmente en África; los anglosajones reaccionan frente a la latinidad, uniendo fuerzas con USA.

A todos ellos nosotros oponemos nuestras armas espirituales de siempre, porque nosotros fuimos los que -a sangre y fuego, con la cruz de la espada y con la espada de la cruz- dimos a la vieja Europa y a la joven América la tradición de la virtud, la valentía, el pundonor, el sacrificio, el desprecio a la muerte y a los bienes materiales, el humanismo cristiano… unos valores que de ser recuperados harían de nuestra Raza la única esperanza del mundo actual.

¿Que hay peligros y dificultades? Para nuestra Raza el peligro y la dificultad nunca han existido.

¡Arriba España e Hispanoamérica, Una Grande y Libre!  ¡Por el imperio hacia Dios!

Fraternalmente en Cristo desde Misiones, Argentina

Fernando Javier Liébanes

 

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