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NUESTRO SITIO

Yo creo en una revolución constante, diaria, seca y constante como el martilleo sobre un yunque… yo soy un fascista y creo en la justicia social; no es solo un término grandilocuente y vacuo, es mucho más. La justicia social es ante todo y sobre todo orgullo, orgullo de ser parte de un proyecto común y propio, ser parte de un todo, de una nueva aristocracia… la del mérito.

Yo creo en la revolución y por eso comprendo el génesis de cada una, incluso aquéllas que produjeron monstruosas mutaciones. El orgullo conlleva esa dignidad que exorciza la desunión de los hijos de una misma madre, esa que se promociona en nuestro mundo, donde se justifica cualquier crimen lento disfrazado de virtud, de mecenazgo, de religión, de paternalismo… de obsequio envuelto en una limosna mezquina.

Yo creo en la revolución y en lo violento de su cambio y comprendo ese odio que se desborda y comete barbaridades para hacer entender en un segundo de sangre todo el dolor de una vida, de muchas vidas pisoteadas… descuidadamente, como quien pisa hormigas por puro aburrimiento y sueño con hogueras, con explosiones, con cuerpos desmembrados de la estirpe de aquellos cuya única patria es el dinero y el vicio de la muerte de sus compatriotas, de aquellas otras mil maneras de matar que no son ni las explosiones, ni los disparos.

Yo soy fascista porque antes, habría sido soviet.

G. TROCHS

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