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OBJETIVO REPÚBLICA (III)

Se acercaba el referéndum anunciado durante años sin que el Presidente del Gobierno de España hiciese nada por evitarlo. Durante el larguísimo tiempo previo al ansiado ejercicio del “derecho a decidir” hubo dos ministros que tomaron especial relieve, su Vicepresidente Sáenz de Santamaría y Margallo. Aquélla abrió una “embajada” en Barcelona, demostrando de paso que esa institución llamada Delegación del Gobierno es una cáscara vacía, pues el gobierno de la nación ni está ni se le espera en ninguna de las comunidades autónomas. Pero lo más escandaloso fue el protagonismo del titular del Ministerio de Asuntos Exteriores. Con su mera intervención mandaba un mensaje del reconocimiento de la “internacionalidad” de las relaciones entre Madrid y Barcelona.

En vísperas del anunciado día histórico, el trío de la Moncloa, Rajoy, Santamaría y Margallo, repetía el estribillo repetido durante los últimos años: “No habrá referendum”, así como aquello de “¿A dónde van?”. A sentarse en la ONU como uno más, evidentemente, haciendo como que hacían para al final no hacer nada y permitir el golpe de estado.

Pese a que Rajoy Brey negaba que hubiese existido, el aparatoso referéndum tuvo lugar en gran parte de Cataluña, en medio de algaradas callejeras y a pie de urna.
Las imágenes de la violencia separatista fueron privadas de los medios de comunicación, mientras se publicaron los rifirrafes frente a los golpistas de las fuerzas de seguridad del Estado en ejercicio de una mínima defensa de la ley. Oculta quedó la violencia anti-española y únicamente transcendieron unas imágenes donde cualquier observador, español o no, podía comprobar la humillación vergonzosa a que las FF.SS. del Estado. fueron sometidas. La batalla mediática ante el extranjero estaba perdida, y el mito de “los 900 heridos” aún circula por la opinión pública del resto del mundo.

A Cataluña fueron desplazados contingentes llegados de otras partes de España, alojados en condiciones ominosas para irrisión de separatistas y corresponsales extranjeros. Así tuvieron que soportar verse inmersos en un medio hostil, abandonados a su suerte, como si se trataran de tropas coloniales.

Como había sucedido con el anterior referéndum, la reacción del presidente español fue negar que había existido. Tan patética respuesta, y ante la precipitación de la agenda de ruptura de España, Felipe VI se presentó ante las cámaras de televisión para dirigirse no tanto al pueblo español, sino al mismo Presidente del Gobierno y recordarle cuál era su cometido ante la “deslealtad inadmisible” de la Generalitat de Cataluña. Que Rajoy era el verdadero destinatario del mensaje del Rey fue lo que contó la prensa extranjera, en particular la británica, pese a que los medios españoles continuaban calificando de “contundente” la inane respuesta institucional de la Moncloa. Es más, con el tiempo se ha sabido que Mariano Rajoy presionó para evitar que el Rey se dirigiese a la nación.

Una cosa había quedado clara y de la que todos los agentes implicados en la maniobra para la destrucción de España tomaron nota de cara al futuro aunque ningún medio lo mencionase, que quien había hablado por la televisión era el Jefe de las Fuerzas Armadas. Sus cálculos habían fallado ahí y es esta circunstancia la que nos debe llevar a la primera entrega de este artículo y que explica el verdero objetivo de la Ley de Memoria Histórica.

Ante el escándalo de lo sucedido, el pueblo español comienza a reaccionar y diversos grupos intentan congregar una respuesta contundente en Barcelona. Hábilmente la Societat Civil Catalana se pone al frente de las gentes estupefactas por la desaparición del estado de Cataluña y firma la convocatoria de una manifestación que tendrá lugar el 8 de octubre. Para sorpresa de todos, especialmente de la clase política, el pueblo español, invisible desde un régimen que niega su existencia como “uno”, se presentó masivamente en el mismo nodo de la sublevación.

La fiesta anticipada de la desaparición de España, celebrada con el ágape de homenaje a Puigdemont el 11 de marzo, no podía celebrarse. La proclamación catalana de la ‘República de los 8 segundos’ iba a traer consecuencias institucionales y jurídicas. Sin embargo éstas, que aún siguen, no se desarrollarían por cauces normales, sino plagadas de las mismas intrigas y puntos siniestros con que la agenda separatista fue capaz de llegar hasta el referéndum sin ser molestada durante años.

En un acto de cinismo que sólo es permisible en España, Puigdemont presentaba denuncia contra el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, y el Fiscal Superior de Cataluña, José María Romero de Tejada, por los delitos de prevaricación y usurpación de funciones públicas por sus resoluciones para impedir la votación del 1-O. Y, ¡oh, diosa Fortuna! los peores deseos del golpista se vieron colmados con las mejores noticias. Ambos se fueron a la tumba poco después, el 18 y el 27 de noviembre, siendo acompañados en su viaje al más allá por Antonio García-Trevijano en febrero, el cual, curiosamente, tenía en curso la preparación de una demanda contra Mariano Rajoy.

El artículo 155 que, ante la presión popular y real, se vio obligado a aplicar Mariano Rajoy lo solventó éste sin mayor apuro. Esto es, con el mismo estilo con que había venido defendiendo la Constitución desde el inicio del golpe de estado anunciado: mera gesticulación para enmascarar el fraude de ley. El famoso 155 se aplicó a su criterio discrecional dejando intacto el aparato de propopaganda golpista, y en estas condiciones ignominiosas convocó elecciones, pero no en España, para pedir el refrendo de los españoles a una intervención que revertebre la nación entera y solucione el problema de una vez por todas, sino en Cataluña, con la maquinaria de TV3 vomitando odio contra España.

Otro día más de aquellos infaustos los españoles tuvieron la noticia de que el hombre más vigilado y que incomprensiblemente andaba suelto sin ningún tipo de impedimento legal, Puigdemont, se había largado a Bélgica. Según los medios había huido, pero huir implica que te persiguen y creemos que éste no es el caso.

JORDI PLA


 

OBJETIVO REPÚBLICA (I)

OBJETIVO REPÚBLICA (II)

 

CATALUÑA INDEPENDENCIA
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