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OBJETIVO REPÚBLICA (VI)

Veamos la incidencia de Rusia en el curso del Procés.

Que España y Rusia no son vecinas, es obvio. Ni siquiera los vecinos de nuestros vecinos lo son de Rusia. Pero aquel nefasto día en que el Partido Socialista Obrero Español metió a España en la OTAN asumimos unos compromisos cuyo balance positivo para España jamás ha visto nadie.

Pasado el tiempo puede decirse que el embarque dado a las FAS por Juan Carlos I el 23-F de 1981 supuso el final de un ejército soberanista, contrario a la firma del Tratado Atlántico. Lejos de enderezar el descontrol autonómico, a cuyo cebo se congregó a lo mejor del mando militar, el objetivo logrado fue desembarazarse de unas Fuerzas Armadas que no se doblegaban a los intereses anglosajones.

En tanto que nuestras FAS han tenido que estar en escenarios cruciales y sin beneficio alguno para los intereses nacionales, la España africana sigue estando fuera del paraguas de la OTAN, mientras que Gibraltar no ha perdido un ápice de su condición de colonia británica, refrendada por el uso continuo de la escuadra estadounidense, que atraca cuando lo desea en el Peñón para humillación de España y con el silencio culpable de sus gobiernos.

La flota rusa venía desde años atrás haciendo escala en Ceuta, con pleno conocimiento de ‘nuestros aliados occidentales’, sin que se atreviesen a inmiscuirse en algo tan privativo de la soberanía española. Mas de sesenta barcos de la Marina de Guerra rusa habían atracado en Ceuta desde 2011.

Sin embargo, sacando partido a la máxima debilidad interior de España en aquellos meses, el Reino Unido vio el momento adecuado, haciendo gala de su consubstancial hipocresía, para pedir el cierre del puerto de Ceuta a la escuadra rusa. ‘The Telegraph’ publicaba un patético artículo en que advertía con una amenaza: “España se enfrenta a la ira internacional”.

El suceso, nada anecdótico sino muy substancioso, no sólo demostró la sumisión de Mariano Rajoy a los amos de Occidente, sino que sirvió para sacar a la superficie el protagonismo de las fuerzas separatistas catalanas, que pusieron en evidencia quién mueve los hilos del Procés.

Fue justamente el grupo parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) el que pidió que los ministros españoles de Asuntos Exteriores y de Defensa, José Manuel García-Margallo y Pedro Morenés, compareciesen en el Congreso de los Diputados para aclarar si España daba “apoyo logístico a buques de guerra rusos”. Según el texto de ERC, se requería a los dos ministros “explicar la posible colaboración de España con fragatas rusas que han participado en operaciones militares en Siria”. La cosa no quedó ahí, sino que otro elemento apareció en escena: los separatistas flamencos, a través de su portavoz en el Parlamento Europeo. Los flamencos tuvieron el apoyo de las repúblicas bálticas, para mayor escarnio, pues España viene desplegando su aviación militar sobre sus cielos en la frontera con Rusia. Se ha confirmado el apoyo del “Centro Margaret Thatcher por la libertad” (*), la misma que tiene una plaza dedicada en su honor en la capital de España. Todo en el colmo de la humillación más sangrante, como ha sido la tónica habitual de un régimen que es un cero a la izquierda en las relaciones internacionales desde su nacimiento.

Así que la flota rusa formada por el portaaviones Kuznetsov y otros buques de escolta tuvo que seguir de largo, mientras en frente, en el puerto de Gibraltar, barcos de guerra británicos y estadounidenses velaban por nuestra seguridad.

“Los hechos tienen consecuencias”, manifestó Putin tras la falta a la palabra dada por el Gobierno de España. Pese a que algunos medios españoles hicieron hincapié en la visita de algún que otro empresario ruso a Barcelona en las semanas previas al referéndum, estas actividades no han tenido cuerpo visible y ni demostrable. Lo único contrastado ha sido la triste aparición de Daniel Estulin en las pantallas de TV3 para apoyar el Procés y denigrar a los andaluces. Y dado que este sujeto ha dicho recientemente de sí mismo seguir siendo un agente ruso, como profesional que sabe medir sus palabras, tenemos que interpretar su intervención en clave de respuesta de Rusia a la acción desleal de Mariano Rajoy.

Y es que a perro flaco todo son pulgas. España está metida en escenarios internacionales ajenos a su geopolítica que jamás desde su entrada en la OTAN le han reportado el mínimo beneficio. Los gobiernos de España han buscado enemigos donde antes nunca los hemos tenido, como en el Golfo Pérsico, y ahora en la frontera de la OTAN con Rusia. Obviamente ésta está dispuesta a considerar nuestra posición como lo que es, inamistosa, por emplear un suave calificativo .

Recientemente Putin se ha manifestado a favor de la unidad de España y la flota rusa ha vuelto a recalar en Ceuta. Pero en el tablero de ajedrez internacional no hay amigos, sólo intereses. El incidente de la flotilla del portaaviones Kuznetsov sirvió para poner en evidencia la mano que mueve la cuna del Procés, a algunos de sus peleles y la ineptitud absoluta del Régimen del 78 en la defensa de los intereses de la nación.

JORDI PLA

* El ‘Centro Margaret Thatcher por la Libertad’ es una división de la ‘The Heritage Foundation’, instituto neocón estadounidense.

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