ODIUM FIDEI

El 28 de julio de 1936, milicianos republicanos en Madrid que luchaban en defensa de la “legalidad republicana” deciden ejecutar el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, al que luego dinamitan. Sería construido uno nuevo muchos años después del final de la Guerra Civil.

También en esa misma fecha fue asesinado por los partidarios del Frente Popular el padre Pedro Poveda, quien consagró su vida a combatir el analfabetismo en España por medio de la Institución Teresiana que funda, educando a los niños pobres que vivían con sus familias literalmente en cuevas en Guadix.

A tal punto fue su compromiso social con los desfavorecidos que Poveda llegó a ser considerado como un cura rojo por los sectores conservadores de la sociedad española y de la misma Iglesia. Su declaración ante los milicianos que lo detuvieron, al igual que en los distintos tribunales populares y en la propia Dirección General de Seguridad donde lo interrogaron antes de ser fusilado, siempre fue “soy sacerdote de Jesucristo”. Canonizado en mayo de 2003.

Siguiendo las premisas de Lenin, no había que matar al mal sacerdote borracho, mujeriego y vicioso. Sino por el contrario, al buen sacerdote que da el ejemplo a su comunidad de estar comprometido con su fe. Memoria histórica incómoda sin duda alguna.

La imagen de abajo es la recreación de la ejecución del beato sacerdote Guillermo Plaza perdonando a sus verdugos. Una escena que se repitió aquí numerosas veces durante el martirio de tantos sacerdotes y religiosos. Matanzas que ocurrieron a tan solo 10 días de estallada la guerra en España.

Aleks Fernando Narvaez Espinoza 

 

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