OJOS QUE NO VEN

Durante las semanas de encierro allá por marzo-abril, los aplausos en las ventanas a las 20:00 horas y demás jueguecitos florales tan típicos de las “mierdocracias”, lejos de mostrar la unidad de todo un país detrás de sus dirigentes en la lucha contra el coronavirus, mostraron en cambio el servilismo al que ha llegado una sociedad como la española despojada de cualquier noción de lo que significa (en el más noble de los sentidos) no ya la palabra libertad, sino el espíritu crítico.

En realidad, ha mucho tiempo que nuestro país emprendió el camino hacia el abismo de la demagogia, la ignorancia, el sectarismo y la incompetencia de la mano de una casta partitocrática -de la que el “doctor asaltatumbas” y sus aliados en el Gobierno son sólo la culminación a cuatro décadas infames, no la causa- más preocupada por sus negociados políticos que por el bien común y que, a este paso, va a dejar esto igual que un solar de ruina y muerte.

Una muerte (la de decenas de miles de nuestros mejores: nos referimos a quienes, con su duro trabajo, levantaron España durante la postguerra) que, en su crudeza, a día de hoy nos siguen sibilinamente hurtando los “mass mierda” de turno para (a la vez que esconder la “prueba del delito”) lograr tal efecto de adocenamiento colectivo, pues ya se sabe que “ojos que no ven, corazón que no siente”.

CACHÚS

 

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