Había una vez una tribu
que levantaba estandartes
de águilas y de lobos.

Luego los clanes fueron esparcidos,
condenados a vagar por mundos oscuros
desde su antiguo centro hasta Finisterre.

El dolor no se escribe.
Se desciende a la muerte y si hay suerte
se sobrevive.

El tiempo es una flecha perdida
que justo cruza el camino
de tu errante corazón.

Mejor no quedarse quieto.
Hay que salir a los caminos.

Uno nunca sabe
dónde pueden abrirse
las puertas del destino.

JUAN PABLO VITALI

 

VIT2

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