PASADO, PRESENTE, FUTURO

Artífices de esa aberración llamada “principio de autodeterminación”, liberales de todo pelaje y condición proclaman que los muertos no tienen derecho a condicionar a los vivos. Sin embargo, los mismos carecen de vergüenza para pergeñar que los vivos puedan alterar el pasado a fin de legitimar el presente, un sortilegio orwelliano bien reflejado en esa obsesión (especialmente por parte de las izquierdas, pero no sólo) hacia las leyes que llaman de “memoria histórica”.

Porque, en puridad, al liberalismo (la raíz de todos los males que afligen el mundo presente, esto no deberíamos olvidarlo nunca) únicamente le interesa el pasado en tanto en cuanto sea capaz de manipularlo en su espurio beneficio, nunca como una referencia para el presente o el futuro.

Por contra, el Tradicionalismo (dicho en sentido amplio) sí ve en el pretérito tal referente, a la postre vital para aprender de los aciertos y errores de nuestros antepasados. Pues sin ese conjunto de acontecimientos, saberes, costumbres, tradiciones, etc., acumulados durante siglos, el presente pierde enseguida el rumbo y más pronto que tarde se regresa a los problemas de siempre.

El no respeto al pasado histórico tal y como fue, su tergiversación permanente, su (de)construcción sistemática, conllevan la subsiguiente anulación de las raíces a la par que la ruptura de los vínculos comunitarios, todo lo cuál acaba de manera inexorable abortando el verdadero progreso de las naciones, abocando a crisis de identidad perpetuas a sus sociedades y arrojando al envilecimiento nihilista a sus pobladores.

CACHÚS

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate