EL PATRÓN TRABAJO

En el aciago verano de 1936, las reservas de oro en España eran el tercer mayor depósito del mundo. Al comienzo de las hostilidades, estas reservas quedaron en poder del Gobierno Republicano; en una decisión que aun hoy es objeto de discrepancias, el Ministro de Hacienda, Juan Negrín, decidió vaciar las arcas públicas mandando, el 72,6 de la reserva (510 toneladas, en la actualidad tendrían un valor mínimo bruto de 12.200 millones de euros, por su contenido metálico, y un valor numismático que podría superar los 20.000 millones de euros) a la Unión Soviética y el resto hasta 193 toneladas de oro fue mandado a París, donde fue vendido.

Sin entrar en otras consideraciones que no son el objeto de este artículo, el desfalco de las arcas públicas perpetrado por el mismo gobierno republicano condenaba al pueblo español -ganara quien ganara la guerra- a la miseria tras el fin de la contienda.
La guerra, como es sabido, fue ganada por las tropas nacionales, cuyo nuevo gobierno tuvo que afrontar la reconstrucción de un país devastado por la acción bélica; con lo que llevaba en los bolsillos.
España salió adelante con la vieja fórmula que nunca ha fallado en la economía: el trabajo.

Hoy en día, disponer de un trabajo es algo que parece reservado a personas privilegiadas, cuando la Constitución lo establece como un derecho fundamental al que todos reconocemos como parte indispensable para la realización del ser humano.
Tampoco se le escapa a nadie que en la sociedad actual, ningún hombre se hará rico trabajando y sin embargo puede elevar espectacularmente su nivel de vida si es ducho en el “arte” de especular.
Y no es de extrañar que esa forma de pensar se haya asentado en la sociedad cuando el modelo productivo actual se basa precisamente en la especulación y fundamentalmente en los modelos de préstamo con interés -lo que ayer se conocía como usura, palabra tabú hoy en día-.

Los personajes contemporáneos que sirven de modelo social, son aquéllos que prestan dinero y lo recuperan con beneficio -importantes beneficios, cabría añadir-, siendo éste el único esfuerzo que realizan.
El préstamo con lucro a la población que labora y produce, es la principal actividad económica de Europa y como hemos repetido en cientos de ocasiones, aquella nación que intente revertir esta situación está condenada al ostracismo por sanciones económicas de los que acaparan el dinero.

Volviendo a los ejemplos de la historia, uno de los últimos referentes de sociedad que se sacó a sí misma de la miseria a la que había sido postergada, lo tenemos en la Alemania de 1930. Cuando el nacional-socialismo llega al poder, Alemania estaba irremediablemente en quiebra. El Tratado de Versalles había impuesto reparaciones que tenía literalmente asfixiado al pueblo alemán y que exigían de los alemanes el pago de todas las costas de la Gran Guerra. Estos gastos ascendieron a tres veces el valor de todos los bienes en Alemania.
La inflación se comía a los alemanes; un dólar llegó a valer 1.000.000 de marcos en el cambio oficial.
Hitler se enfrentó al gravísimo problema económico con tres únicas medidas, tres, pero que suponían todo un desafío a los grandes dogmas de la economía de libre mercado, o lo que es lo mismo, del capitalismo:

Fijación de precios por ley.

Sustitución del “patrón oro” por el “patrón trabajo”.

Abolición de los préstamos con usura.

Solo con estas tres medidas y la ilusión renovada por el orgullo de una nación, Alemania se convirtió nuevamente en un país laborioso y próspero.
Una nación cuyo desarrollo había dejado numerosos enemigos por el camino… pero esa es otra historia.

Les dejo con parte del discurso de un señor cuyo nombre es pecado pronunciar, a los trabajadores de una fábrica en Berlín en 1940.

” Los aliados luchan por el mantenimiento del estándar oro de la moneda. Lo entiendo, ellos tienen oro, nosotros también lo tuvimos pero nos lo saquearon, nos lo robaron; cuando llegué al poder no fue por maldad que me separé del estándar oro, es que no había oro aquí, tampoco la separación fue difícil para mí. Uno se separa con facilidad de lo que no posee, ni oro ni divisas, todo nos lo quitaron en 15 años. No nos entristecimos por ello porque tenemos una idea de la economía totalmente distinta de la de ellos: según nuestra convicción, el oro no es un patrón de valor, solo un instrumento para el control de los pueblos. Cuando llegamos al poder solo teníamos una esperanza y ésta era la confianza en la capacidad del pueblo alemán. La pregunta era sencilla: ¿debemos fundirnos por no tener oro?, ¿debemos mantenernos en esa locura destructiva?… mantuvimos otra opinión: si no tenemos oro, tenemos nuestros trabajadores y nuestros trabajadores son nuestro oro, ese es nuestro capital y con él superamos a cualquier poder del mundo. Hemos creado nuestra economía sobre el concepto del trabajo, y resolvimos nuestros problemas mientras los países capitalistas quebraban con sus monedas. La libra no tiene ningún valor hoy, si alguien tira una libra, la gente se aparta para que no le golpée, pero sin embargo el marco sigue firme sin ningún respaldo de oro, solo con el respaldo del trabajo del pueblo alemán. La moneda sin oro, tiene hoy más valor que el propio oro. “

LARREA  DIC/2020


(En la foto): Mujeres Alemanas haciendo cola para comprar pan durante la inflación de 1923. En el fondo se puede ver una página de un periódico de Berlín anunciando que la nueva tasa de cambio dólar-mark es de 1: 1.000.000.

 

 

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