PAVANA PARA UNA PRINCESA MUERTA

 

Ravel tituló esta pieza <<Pavane pour une infante défunte>>. La traducción literal al español sería «Pavana para una infanta difunta», y además el título de Infanta es el propio para el caso, ya que Ravel dejó dicho que la composición representaba la imagen de una infanta bailando como en los cuadros de Diego Velazquez. Hemos elegido la otra denominación con que se conoce a la obra, Pavana para una princesa muerta, por su sonoridad poética.

La obra evoca la solemne elegancia de una recepción en la corte real de España, así como el grácil movimiento de una infanta en los pasos de una pavana, una danza lenta procesional que gozó de gran popularidad entre el siglo XVI y el siglo XVII.

La alusión a estas referencias antiguas no significa que Ravel quisiera homenajear a alguna princesa histórica en particular, sino más bien expresar un entusiasmo nostálgico por la moda y la sensibilidad española que el autor compartía con muchos de sus contemporáneos (sobre todo Debussy, de Séverac o el propio Albéniz) y que manifestó en otras obras, tales como la Rapsodia española y el Bolero.

Ravel dedicó la Pavana a su patrona, la Princesa de Polignac, y probablemente interpretaría la obra en la casa de la princesa en varias ocasiones. El pianista español Ricardo Viñes ofreció el estreno público el 5 de abril de 1902.

Ravel quería que su pieza se tocara extremadamente lenta, mucho más lenta que en sus interpretaciones modernas, según su biógrafo Benjamin Ivry. El crítico Émile Vuillermoz se quejó de que la versión de Ravel era «increíblemente lenta».

Cuando Ravel publicó su orquestación de la Pavana en 1910, le asignó la melodía principal a la trompa y especificó un instrumento poco habitual: la partitura pide “2 Cors simples en sol” (dos trompas naturales en sol). La enseñanza de trompas sin válvulas había persistido por más tiempo en el Conservatorio de París que en otros centros europeos; fue en 1903 que la trompa de válvulas (la que se usa hoy en día) la reemplazó como la trompa de enseñanza principal. La partitura orquestal fue publicada en 1910. El estreno tuvo lugar el 27 de febrero de 1911 en Manchester, Inglaterra, bajo la dirección de Henry Wood.

La primera grabación para gramófono fue realizada en 1921 en París. Una posterior, realizada en París en 1931, se cree a menudo que fue dirigida por el compositor, pero en realidad la batuta era de Pedro de Freitas-Branco, bajo la supervisión de Ravel, que estuvo presente en los ensayos y en la sesión de grabación.

Una grabación de la obra tocada por el mismo Ravel en 1922 se ha conservado en rollos de piano. Esta grabación está disponible en CD desde abril de 2004.

Fuente: Wikipedia

Imagen: La Infanta Margarita Teresa de Austria, por Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia (1665)

Para escuchar la Pavana para una princesa muerta, interpretada por la Orquesta Nacional de Francia:

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