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EL PAYASO TRISTE Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Esta semana hemos tenido ocasión de conocer la verdadera faceta de actor de Dani Mateos admirando su interpretación de un clásico: el de pobre payaso triste, en la puerta de los juzgados madrileños.
El autoproclamado cómico ha representado perfecto cual Michael Caine el papel que sus abogados -en el rol de guionistas- le han aconsejado que asuma ante el inevitable proceso al que se va a enfrentar.
La misma noche y en el programa en que trabaja (El Intermedio, La Sexta) insistió en la argumentación que va a ser su línea de defensa: “solo estaba interpretando un papel” y abundando en el argumento comparó la escenificación que le ha llevado ante la justicia con la de otros actores en determinados papeles de películas o series de televisión.

¿Qué quieren que les diga?, es pueril, grotesco y casi una burla más el pretender hacernos creer (a nosotros y a los jueces) que estaba actuando cuando cometió el delito -presunto- de marras.
Todos sabemos que Imanol Arias no es El Lute, ET un peluche, y que en realidad Clark Kent no volaba, conocemos la diferencia entre una película y un monólogo.
Y usted, señor Mateo, no estaba interpretando ningun papel más allá del de vertedero de su propia opinión, o de la de su editor, que para el caso lo mismo da.
Yo de él, cambiaría de abogados. O de aires, porque si queda un ápice de justicia y dignidad en este país, Dani el gracioso acabará haciendo guiñoles en la cena de navidad de Soto del Real. Y recogiendo ovaciones en las duchas.

Si hay algo verdaderamente magnificado en España, eso es la libertad de expresión. Figura totémica e intocable de la democracia con la que queda justificado cualquier atropello.
La libertad de expresión debería ser el medio y nunca el fin. El medio por el que una sociedad se eleva intelectualmente, a sí misma y a sus individuos, consiguiendo cada vez más y mayores cotas de conocimiento, de cultura y de respeto.
Pero no es así, la interpretación de la LdE con la que se manejan sujetos como el tal Mateos es la del albedrío de la zafiedad y la legitimación del insulto, y el desprecio hacia aquellos valores que no concuerdan con los propios… en el caso de que los tuvieren, y siempre como arma política de desprestigio en el telón de fondo.

Desaparecidos -casi con vergüenza- aquellos tan populares chistes de mariquitas, de tartajas, de gangosos… en aras del respeto por las minorías, se ha convertido en moneda corriente el gag contra los sentimientos de las mayorías, tales como la religión, la familia o el amor por la tierra de nacimiento.
Como ejemplo, baste recordar el famoso skecht de Martes y 13 en el no tan lejano 1992.
“Maricón de España”, además de una memorable interpretación de aquellas de partirse de risa, llevaba implícita una sátira hacia el patriotismo de pandereta que todo el mundo entendió y a nadie ofendió.
Claro que, a diferencia de Dani Mateo, Josema y Millán sí eran graciosos.

A pesar de lo que diga el oráculo de la progresía Wyoming, los españoles sabemos reirnos de nosotros mismos. Lo que no perdonamos es que se rían de nuestra patria.
Son cosas distintas.
Cuestión de dignidad.

LARREA  NOV/2018


Dani Mateo: “Estamos llevando ante un juez a un payaso por hacer su trabajo”

El humorista se ha negado a declarar tras ser citado por el juez por un ‘sketch’ en el que, mientras leía el prospecto de un medicamento antigripal, estornudaba y se sonaba la nariz con la rojigualda

https://www.elconfidencial.com/espana/2018-11-26/dani-mateo-declaracion-bandera-espana_1668046

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