EL PEREGRINO DE LA GRAN ANSIA

Friedrich Hölderlin

“Los hijos de la Edad Dorada vagan ahora lejos,
por la tierra de los padres, olvidados de los
Días del Destino.
El algún otro lado.
¿Y ningún anhelo puede hacerles ya volver?
¿ Nunca les verán mis ojos?
¡Ay! ¿Nunca os encontrará por los mil senderos
de la tierra verdeante el que os busca,
figuras iguales a los Dioses?
¿Y entendí yo, por ventura, vuestro lenguaje,
vuestra leyenda, tan sólo para que
mi alma buscara vuestras sombras?
Quiero acercarme a vosotros, allá donde crecen
todavía vuestros bosques,
donde esconde entre nubes su cima
solitaria el Monte Sagrado.
Allí quiero ir, y, cuando reluciendo
en la sombra de la Encina,
encuéntreme la Fuente del Origen,
¡Oh, vosotros durmientes!
¡Oh, sombras sagradas!
¡Con vosotros quiero vivir…!”

Nuestra vida en medio de este mundo en disolución es como un peregrinaje, una prueba con vistas a la conquista de la verdadera Inmortalidad. “Vivamos en el mundo. Pero tengamos nuestro mundo aparte en un rincón del alma” (José Antonio, 1925).

Joan Montcau

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