PERÓN EN EUROPA

En el año 1939, durante el mes de febrero, el coronel Juan Domingo Perón era enviado a Italia como agregado militar en los ejércitos de montaña alpinos, tan famosos por su destreza y eficacia. Recién llegado, Perón puede comenzar a apreciar algo completamente nuevo en el mundo, lo cual era la Italia fascista de Benito Mussolini. Al observar las enormes movilizaciones de masas que generaban los discursos del Duce Mussolini y el encuadramiento de los invididuos en verdaderas fuerzas colectivas, Perón sintió una fuerte impresión y comenzó a interesarse más por todo este fenómeno que se gestaba en Europa, no solo en Italia, sino en otros países como Alemania.

Un 10 de junio del año 1940, el coronel Perón se dirige a la Plaza Venecia en Roma, donde presencia un memorable discurso que daría Mussolini, en el cual declara la guerra a Gran Bretaña, Francia, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. La emoción del pueblo italiano y su poderoso espíritu guerrero dejó una marca imborrable en Perón, que a su vez se sentía atrapado por la personalidad de ese líder romano que dirigía a Italia a su nuevo destino de grandeza con profunda determinación.

Perón solía decir que no se habría perdonado llegar a viejo y morir sin haber conocido al gran Duce Mussolini, por lo que solicitó una entrevista con éste, el cual, efectivamente, lo recibió en Milán. El agregado argentino pudo estrechar la mano de este carismático líder.
Una curiosidad es que Perón, debido a su condición argentina, estudió en profundidad la sociedad italiana de aquel momento, extrañándose de que los niños no jugaran tanto fútbol, sino que estuvieran más entretenidos en vestir uniformes y simular pequeños desfiles con fusiles. Sentían admiración por la vida de soldadesca. En palabras de Perón, “los pibes aquí se toman la vida en serio.”

Una anécdota cuenta que un coronel italiano se acercó a Perón (esto lo relata en una carta a sus familiares), y le preguntó si era coronel, y ante la respuesta afirmativa de Juan Domingo, el italiano le preguntó si pertenecía a alguna logia masona. Perón declara: “¿Te podes imaginar? Yo que detesto y detestaré siempre a esa caterva de bandidos que lo único que pretenden cuando se hermanan es llegar al poder y satisfacer sus propios apetitos. El pobre iluso quedó de piedra cuando le dije que en la Argentina todavía quedábamos soldados con honor que servíamos solo a la Patria.”
Luego, Perón, iría de Turín a Milán constantemente asistiendo a clases de economía donde se hablaba mucho de sindicalismo.

Poco tiempo despues, el coronel argentino viaja a Alemania, donde visita los campos de batalla de Tannenberg (1914-1918).
Después de ello, se dirige directamente a la capital germana, Berlín, contando la anécdota de haber rozado con su auto a un civil alemán sin querer, lo que le valió que este berlinés, gordo según Perón, bajara del automovil y pronunciase cosas que el argentino no entendió en absoluto.
Se dirigió a una pensión donde vivían oficiales argentinos que también se encontraban como agregados militares estudiando la situación alemana.

Perón visita, junto a oficiales alemanes, la localidad de Loebzen, encontrándose frente a frente con militares soviéticos, mientras regía el pacto de no-agresión entre el III Reich alemán y la Rusia soviética. Pudo andar tanto entre las filas alemanas como rusas, inspeccionando todo cuanto veía a su paso, charlando con los alemanes como podía, un poco en francés, otro poco en italiano, y algunas palabras en alemán que habría aprendido, idioma que le costó mucho.

El coronel recuerda de Alemania que le produjo la impresión de una nación monstruosa, extremadamente organizada, dejando ejemplo de Estado Moderno. Si bien no pudo tratar personalmente con Adolf Hitler, líder del Reich, sí lo oyó hablar en un discurso, y declaró que ante sus ojos veía la verdadera democracia social, y a la verdadera mujer, exaltada en lo más lindo de su feminidad, cosa que deja escrita en documentos.

Se piensa que de su viaje al viejo mundo, Perón regresó completamente transformado por sus vivencias en Europa, además de haber podido observar un gran cambio en todo aspecto, incluso en lo espiritual. Traería ideas fascistas como la Carta del Lavoro, el fuerte corporativismo estatal, la necesidad de la organización sindical, y una enemistad profunda contra lo que el llamaba “las democracias plutocráticas de Occidente”, además de su reforzado anti-comunismo. Nacía, con estas ideas, adaptadas a la situación Argentina, el justicialismo.
Fraternalmente en Cristo

Fernanado Javier Liébanes

 

(Foto: Perón en el Coliseo, Roma.)

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