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PICARESCA ESPAÑOLA: EL ESTUDIANTE. TIRSO DE MOLINA

“Yo te diré lo que hacía
mi médico. Al madrugar,
almorzaba de ordinario
una lonja de lo añejo,
porque era cristiano viejo,
y con este letuario
aqua vitis, que es de vid,
visitaba sin trabajo,
calle arriba, calle abajo,
los egrotos de Madrid.
Volvíamos a las once:
considere el pío lector
si podría el mi doctor,
puesto que fuese de bronce,
harto de ver orinales
y fístulas, revolver
Hipócrates y leer
las curas de tantos males.
Comía luego su olla,
con un asado manido,
y después de haber comido,
jugaba cientos o polla.
Daban las tres y tornaba
a la médica atahona,
yo la maza y él la mona,
y cuando a casa llegaba,
ya era de noche. Acudía
al estudio, deseoso,
aunque no era escrupuloso,
de ocupar algo del día
en ver los expositores
de sus Rasis y Avicenas;
asentábase y apenas
ojeaba dos autores,
cuando doña Estefanía
gritaba: «Hola, Inés, Leonor,
id a llamar al doctor,
que la cazuela se enfría».
Respondía él: «En un hora
no hay que llamarme a cena
déjenme un rato estudiar.”

Don Gil de las calzas verdes.
Tirso de Molina

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