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POLLONES, POLLAZOS Y CIRCUNCIDADOS

 

“El país de Don Quijote, gracias a la monarquía de los Borbones, se ha convertido en el asno de Sancho Panza: glotón, cobarde, servil, incapaz de ninguna idea que exista más allá de los bordes de su pesebre.”
Vicente Blasco Ibáñez

Es el rey felón por derecho y el perfecto ejemplo de la villanía por elección propia, traidor a todo lo traicionable. Fernando VII reunió en su persona algunas de las características más aborrecibles de su dinastía: “la plaga de los borbones”, según la definiría el novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez.
Y tan Borbón fue que, más allá del inequívoco “estilo de gobierno” de la Casa, incluso las características físicas le delatarían en cualquier ronda de presos.
El séptimo de los Fernandos acaparaba un rabo que dejaría en ridículo al negro del guasap y aquel asunto le granjeó más problemas que bendiciones.

Sin entrar en consideraciones estéticas que suelen variar con los gustos de la época (recordemos al David de Miguel Angel, considerado como la exaltación máxima de la belleza del cuerpo masculino) y no son el objeto de este ensayo, el reyezuelo padecía una macrosomía consecuencia de aquella insana costumbre de reproducirse entre primos y tenía serios problemas para armar y cargar convenientemente aquel trabuco.
A pesar de que sus médicos idearon algunos artefactos para reducir el impacto de sus acometidas, aquella trompa asustaba a las receptoras de tan regios polvos y no por casualidad: los desgarros vaginales en aquellos años provocaban molestas infecciones.

Tres mujeres desposó y a ninguna preñó (creando un grave problema sucesorio que acabaría desencadenando las guerras carlistas), hasta que llegó ella… pizpireta, demasiado delgada para la época pero alegre como un ruiseñor, veintidos años -de vellón- más joven que él y tremendamente ambiciosa, María Cristina de Borbón y Dos Sicilias se convirtió en su cuarta y última señora y le dió dos hijas en dos años.
Qué cosas tan raras pasan en los palacios.

Al poquito muere Fernando y la alegre consorte se convierte en Regente y, antes de tres meses desde la fecha del óbito real, se casa en secreto con un sargento de su escolta personal que la había estado acompañando a todas partes.
Qué cosas tan raras pasan en los palacios.

Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, el hijo del estanquero, sargento chusquero de los Muñoz y Sánchez de toda la vida, de Tarancón, provincia de Cuenca, había sido enchufado en la Guardia de la Reina por una abuela suya que trabajaba en el palacio y protagonizaría el ascenso social más veloz que se recuerda en éste o en otro pais.
El pollazo fue de aupa el Erandio y de la noche a la mañana se convirtió en el primer Duque de Riánsares. A partir de ahí, acumuló títulos nobiliarios tanto para él como para su extensa prole; pues hasta 8 fueron los hijos con que el ex-sargentillo mantuvo entretenida a la Gobernanta de España.

Para que luego digan que los de pueblo somos tontos, el flamante nuevo Duque no se limitó a cazar y montar, como correspondía a su braguetazo con recién estrenado empleo de Grande de España, y decidió que la oportunidad la pintan calva y también quería ser nuevo rico.
Pronto se compinchó con José de Salamanca y Mayol, primer Marqués de Salamanca.
Este sujeto, auténtico maestro de aprendices… para que me entiendan, dejaría en pañales a día de hoy a todos los contables del PP, a Urdangarín, a la Junta de Andalucia, e incluso al clan Pujol.
Ambos, el duque y el marqués, con su estrenada Grandeza de España, formarían un clan con Narváez, Esteban Collantes (Ministro de Fomento), Pedro Egaña (Director de La España, propiedad del duque), Manuel Gaviria (Tesorero de la Casa Real e intendente particular de María Cristina) y Donoso Cortés, el encargado de silenciar a la prensa.
“No existe en España un solo negocio industrial en el que no tome parte el duque de Riánsares”, escribiría el Cónsul francés a su gobierno.

Efectivamente, su intervención adjudicó el contrato de abastecimiento de carbón para Filipinas, la subasta del ferrocarril de Almansa, el ferrocarril de Langreo, las obras del puerto de Barcelona, las de canalización del Ebro o la construcción del puerto de Valencia.
En esta labor de “agente mediador” conocería al clan Rotshchild a quienes conseguiría a cambio de dos millones de reales la adjudicación de las minas de mercurio de Almadén.
El antiguo suboficial de Corps se convirtió en uno de los hombres más ricos de Europa, pero con tanta soltura habían acometido el saqueo de España, él y su pemanentemente preñada esposa, que tuvieron que poner tierra de por medio -una costumbre muy borbona- y el 12 de octubre de 1840, en el salón principal del palacio de Cervellón de Valencia, María Cristina leyó su renuncia a la regencia y se instalaron en la dulce Francia.
Siguiendo con otro hábito de la dinastia borbónica, no se fueron con lo puesto.

Daniel Weisweiller, agente de los Rotshchild, confirmaría por carta a su jefe el rumor que acusaba a la pareja de sacar de España sumas ingentes del Patrimonio Real para invertirlas en deuda extranjera.
Y el financiero judío se puso manos a la obra.
Por medio de Charles Scharfenberg -otro empleado del clan hebreo- se trasladaron dinero y valores a la cuenta que los lustrosos exiliados abrieron en la Banca Rothschild de París.

Ocho años despues regresaron a Madrid y se instalaron en el Palacio de las Rejas, entre lujos y obras de arte de Velázquez, Murillo, Zurbarán, Tintoretto o Goya.
Sus negocios ya abarcaban gracias a sus asesores financieros, desde el tráfico de esclavos africanos (documentos notariales acreditaban a María Cristina como titular de una millonaria sociedad negrera, con base en Madrid y socios y agentes en Cuba) hasta importantes inversiones en terrenos y empresas en ultramar.

A la hora de su muerte, estos Bonnie & Clide de teja, pandereta y guante blanco, dejaron a sus herederos, amén de reales, valores y títulos mercantiles, las siguientes posesiones:
Villa Mon Désir de Le Havre (Francia), La Real Posesión de Vista Alegre y el Palacio de Remisa en Carabanchel, la Casa-Palacio de Retamoso, el Palacio del duque de Riánsares y el Palacio-ermita de Riánsares en Tarancón, el Real-deleite de Aranjuez, el Palacio de las Rejas, la Casa-palacio de la calle de Carretas, el Palacio de Belinchón, el Plantío de Remisa en Majadahonda, el Palazzo Albinoni de Roma, el Palacio de Villarrubio, la finca de Santa María de la O en Villarejo de Fuentes (Cuenca), el Château de la Malmaison en París y la residencia de Vaud (Suiza), además de fincas, molinos y grandes explotaciones agropecuarias.
Y todo esto, sin pegar palo al agua y llegando -ambos- a la Corte española con las manos vacías.

Y aún hay quien me pregunta por qué soy republicano.

LARREA    FEB/2018

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    2 thoughts on “POLLONES, POLLAZOS Y CIRCUNCIDADOS

    1. En este caso, como en otros muchos histórico, digamos, con las precauciones a que hubiere lugar, lo que algunos, pocos, historiadores “revisionistas” argumentan sobre la figura de Neron Claudio César Germánico: “no se haga usted mucho caso, la mayoría de las veces su historia la han escrito sus enemigos”…..

      1. Pues si es tan amable de decirme que partes son inexactas o directamente falsas, con gusto lo comprobamos y rectificamos.

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