POLVOS Y LODOS ECONÓMICOS

Que el liberalismo “introducido” aquí en el siglo XIX ha resultado nocivo para nuestra Patria es un hecho no solo inequívoco desde el punto de vista político (con las luchas sectarias y partidistas que introdujo), sino también económico, lo demuestra, entre otras cosas, los sucesivos procesos desamortizadores acaecidos entonces.

El primero de ellos (llevado a cabo por el masón y conspirador irredento Juan Álvarez Mendizábal en 1836) provocó que los bienes confiscados a las órdenes monásticas con la excusa de financiar la causa isabelina en la Primera Guerra Carlista, lejos de ser adquiridos por el campesinado desposeído de las tierras propiedad de la Iglesia que hasta ese momento cultivaba en condiciones muy favorables, se dividieran en lotes lo suficientemente grandes para acabar en manos de burgueses y terratenientes.

El segundo (obra del igualmente ministro Pascual Madoz en 1855, en pleno Bienio Progresista y fruto de uno de esos “consensos” entre liberales de distinto pelaje que para desgracia de España tanto han proliferado en su devenir), enfocado más bien contra los terrenos comunales (bosques, montes) de los pueblos (los cuales eran, como su propio nombre indica, propiedad de las comunidades de vecinos correspondientes, a la postre fundamentales en la economía rural por el aprovechamiento que suponían de pastos, obtención de leña, etc.), volvió a provocar que sirviese para satisfacer la codicia de las clases más adineradas.

Tales desamortizaciones no supusieron, pues, en modo alguno la modernización del campo español y sí que decenas de miles de campesinos, expulsados de unas tierras que llevaban trabajando desde el Medioevo, hubieran de abandonarlas para recalar como mano de obra barata para la creciente industria urbana donde, andando el tiempo, sus miserables condiciones de vida empujaría a bastantes de ellos a militar en las filas anarquistas o socialistas.

Item más, buena parte de las onerosas diferencias sociales existentes todavía (agrandadas de forma superlativa desde la no cerrada crisis económica de 2008) tuvieron su origen en los acontecimientos relatados, amén de la consolidación de las antipatrióticas y extractivas oligarquías (tanto las centralistas como las periféricas) patrias, quienes, en alianza con los partidos políticos (a su vez, oligarquías subvencionadas) llevan saqueando nuestra maltrecha piel de toro desde hace casi dos siglos.

Un proceso de expolio sistemático solo interrumpido durante el actualmente denostado Régimen del 18 de Julio, cuando tales diferencias sociales (no la migración de población campesina a las grandes ciudades, que recobró su ímpetu tras el ínterin autárquico de los años 40′ y 50′ en la década de los 60′, bajo el “desarrollismo”) se corrigieron en parte al pasar millones de obreros a engrosar las hoy añoradas clases medias.

Lástima que el Caudillo no se decidiera a dar continuidad al Régimen bajo la égida del Movimiento Nacional y sí bajo los auspicios de una Monarquía ligada (en su rama “alfonsina”, que no en su rama carlista-tradicionalista) desde aquella nefasta centuria con los postulados liberales, como de hecho sucedió en 1978.

Pero esa es ya otra historia, que diría Kipling…

CACHÚS 

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