POSTALES PARA UN APUNTE A LA MEMORIA HISTÓRICA

Valencia 1936. La pequeña capital, coqueta y laboriosa, estaba rodeada por un cinturón verde que se extendía por todo el perímetro urbano siguiendo los cauces de las acequias.
La famosa Huerta de Valencia que describiera Blasco Ibáñez, aunque no estuviera exenta de terratenientes, en realidad estaba compuesta por pequeños campesinos todos propietarios de sus minifundios que, con su esfuerzo entre sol y sol, extraían de la tierra generosa según la temporada y los barbechos, tomates, cebollas, calabazas, patatas, sandías, alcachofas…

La historia que voy a relatar es la de dos niñas que compartían pupitre en la escuela y linde en las alquerías familiares, amiguitas y confidentes por tanto de las cuitas de adolescencia.
Recién empezada la guerra, el padre de una de las dos chicas se presentó en casa del otro. Se hizo acompañar para la ocasión de un nutrido grupo de milicianos con 9 largo al refajo y escopetas de caza sobre el hombro, todo el grupo comunistas de la cabeza a los pies.
“Compañero, venimos a hacer una requisa para el esfuerzo de guerra”.
-Dinero no tengo mucho pero tomar lo que queráis salvo mi vida que de ella depende la de mi familia.
-Tú tienes dos mulas y yo ninguna, ¿te parece justo?.
-Con mi esfuerzo compré ambas bestias, pero coged una de ellas si es lo que queréis.
-Nos llevamos las dos.

Al día siguiente el vecino comunista araba con yunta tirada por los dos pencos mientras el expoliado asía los arreos cruzados sobre sus hombros y con la mujer y la hija dirigiendo el apero siguió trillando piedras y surcando los caballones donde germinarían frutos de semillas dejadas caer.

La guerra acabó y la vencieron “los otros”. Un buen día la antigua amiguita se presentó en casa de sus vecinos. Su padre estaba en las cárceles franquistas por rojo y para sacarlo de tan indigno lugar precisaba del aval de al menos 4 firmas.
“Mira hija, tu padre no está en la cárcel por rojo sino por ladrón, yo iré mañana mismo hasta la Guardia Civil a declarar como cristiano que soy, que le perdono. Pero no firmaré ningún aval porque, con franqueza, yo no sé hasta dónde pudieron llegar tu papá y sus acólitos. Desde La Punta hasta Pinedo son cientos los cadáveres encontrados con el alba en la carretera del Saler, muchos de ellos labradores como yo que se resistieron a que les quitaran una res, la cosecha o un percherón”.
Debió tardar la criatura en encontrar las firmas debidas pues el padre pasó un par de años en prisión, después salió y volvió a labrar las tierras de su propiedad, tierras que nadie expropió ni fueran declaradas Responsabilidad Civil.

La “niña del rojo” hace años que murió, pero la otra chica, un vejestorio adorable de La Punta con una memoria envidiable sigue viva y todavía a día de hoy añora a su antigua amiga de confesiones adolescentes: nuestras familias nunca se volvieron a hablar.
Ambos clanes siguen compartiendo lindes y regadíos aunque con una pequeña diferencia: las dos familias disponen de tractores, trilladoras, y… las plusvalías correspondientes a la privilegiada ubicación de sus huertos.

¿Memoria Histórica?… una mentira de rufianes.
Eso ya lo resolvieron nuestros abuelos.

LARREA  NOV/2021

 

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