QUÉ DECIR A UN JOVEN DE 20 AÑOS

 

Cuando se ha conocido todo y lo contrario de todo
cuando uno ha vivido mucho y está en el atardecer de la vida
está tentado de no decirle nada
sabiendo que a cada generación le basta su afán
sabiendo también que la búsqueda, la duda,
forman parte de la nobleza de existir.

Sin embargo, no me quiero ocultar
y a este joven interlocutor, le respondería esto,
recordando lo que escribía un autor contemporáneo
“No hay que instalarse en la propia verdad
y espetarla como una certeza
sino que hay que saber ofrecerla tembloroso como si fuese un misterio”.

A mi joven interlocutor,
le diría que vivimos un periodo difícil
donde las bases de lo que llamábamos Moral
y que hoy se llama Ética
son constantemente cuestionadas,
en particular en el campo del don de la vida,
la manipulación de la vida,
la interrupción de la vida.

En estos campos
nos aguardan cuestiones terribles en las décadas futuras.

Sí, vivimos un periodo difícil
en el que el individualismo por sistema,
el beneficio a cualquier precio,
el materialismo,
se imponen a las fuerzas del espíritu.

Sí, vivimos un periodo difícil,
en que se trata siempre del derecho y jamás del deber
y en que la responsabilidad
tiende a ocultarse.

Pero diría a mi joven interlocutor que, a pesar de eso,
hay que creer en la grandeza de la aventura humana.
Uno debe saber
hasta el último día
hasta la última hora
cargar su propia piedra.

La vida es un combate.
El oficio de hombre es un oficio duro.
Los que viven son los que luchan.
Hay que saber
que nada es seguro,
que nada es fácil,
que nada viene dado,
que nada es gratuito.
Todo se conquista, todo hay que ganárselo.
Si nada se sacrifica, nada se obtiene.

Diría a mi joven interlocutor,
Que, humildemente, por mi parte
creo que la vida es un don de Dios
y que hay que descubrir, más allá de la apariencia,
como el absurdo del mundo,
un significado a nuestra existencia

Le diría
que hay que saber encontrar, a través de las dificultades y las adversidades,
esta generosidad,
esta nobleza,
esta milagrosa y misteriosa belleza esparcida por el mundo,
que hay que saber descubrir las estrellas
que nos guían donde estamos sumergidos,
a lo más profundo de la noche
y el temblor sagrado de las cosas invisibles.

Le diría
que todo hombre es una excepción,
que tiene su propia dignidad
y que hay que saber respetar esa dignidad
Le diría
que, contra viento y marea,
uno ha de creer en su país y en su futuro.

Le diría, en fin,
Que, de todas las virtudes,
la más importante, porque es la fuerza motriz de las otras,
y la que es necesaria para ejercer las otras,
de todas las virtudes,
la más importante me parece la valentía, las valentías
y sobre todo esa de la que no se habla
y que consiste en ser fiel a los sueños de juventud
y practicar esa valentía, esas valentías,
eso quizás sea
“El honor de vivir”.

Hélie de Sant Marc

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