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QUERIDO CAMARADA, LA POLICÍA NO ES TU AMIGA

 

Por alguna razón, casi todos los individuos que han derivado ideológicamente del nacionalismo (en cualquiera de sus acepciones) sienten simpatía por las fuerzas armadas y de orden. La psicología de estos individuos tiende al respeto por el orden, por lo que no es de extrañar que éstos reaccionen a priori de manera favorable a las instituciones que se supone deben mantener el orden en una sociedad.

Pero no.

Pecando de nostálgicos e idealistas, algunos quieren ver en las fuerzas de orden a los representantes de una estructura valorable ante la cual vale la pena subyugarse. Sus sueños de un mundo mejor y el romanticismo ideológico nublan de su vista a la realidad tal cual es: la estructura ideológica que impera no sólo no es favorable, sino que promueve la disolución y desaparición de todo lo que sea opuesto a su dominio. Y ellos son opuestos a ese orden.

Todo lo que sea o que parezca disidente al orden establecido, es enemigo de éste, y la institución encargada de hacer cumplir la ley (es decir, forzar mediante la violencia y amenazas de violencia) es la policía. Éstos, los policías, cumplen el rol de ser los matones del Estado (porque es el Estado quien les confirió el poder de usar la fuerza para rectificar a la ciudadanía), por lo que lo que esté fuera o contra el statu quo será perseguido y cazado por ellos, porque la misión de mantener el orden incluye el reprimir y ahogar a quienes cuestionan al establishment.

Por esto, si vas a ser disidente, no puedes confiar en la policía. No sólo no son tus amigos, sino que harán todo lo posible primero para resguardarse ellos, ya que son una pandilla, y segundo para resguardar y mantener el statu quo.

La pandilla más respetada y la más poderosa es la que concentra y monopoliza mejor la fuerza, y en ese sentido, el Estado ha creado su propia pandilla particular para que ejecute sus órdenes, para que sea la más respetada y poderosa. Y tiene que hacerlo, pues si no lo hace, otra pandilla ocupará ese nicho y el estado no podrá ejercer la suficiente fuerza sobre los ciudadanos para legitimar su poder. De eso se trata: legitimar el poder que descansa sobre la fuerza; legitimarlo y mantenerlo. Así también, la policía cooperará en el desarme ciudadano. ¿Si la ciudadanía no tiene armas, cómo podría competir con la policía? Y es que la policía no sólo tiene armas y pólvora, sino que posee balas legales, es decir, el amparo del Estado al ejecutar sus acciones. Y cuando no es así (es decir, cuando sea cuestionado el poder de la policía), la sociedad misma clamará por el poder y el respeto que está perdiendo la policía, y querrá que se “recuperen” los valores perdidos para que las cosas “vuelvan a ser como antes”.

La policía debe mantener el orden, y hará lo posible para que así sea. El problema aquí es que el hecho de que la policía “quiera” lo mejor para ti no significa que ésta esté en línea con tus intereses. La policía está en línea con el Orden establecido, y en la medida que seas servil a ese orden, el sistema te otorgará grados de libertad para que puedas moverte con limitada comodidad. Pero si no estás alineado con el orden establecido, por medio de la fuerza el estado logrará alinearte. Y si no te perseguirá, te cazará y te encerrará pues alteras el orden, que es lo necesario para mantener la estructura.

El sistema establecido ofrece un caos ordenado que apunta inevitablemente a la creación y consolidación de una aldea global, marronizada, culturalmente ‘Occidental’ pero híbrida de todas las razas, una favela africanizada subestándar y tercermundista donde confluirían de todo tipo de individuos con identidad borrada para volverse público de un mercado gigantesco de igualitarismo y democracia. Ese caos ordenado que es estructurado por las leyes y forzado por la policía busca aniquilar a los brotes del orden caótico, es decir, el orden creador que se rebela contra la decadencia y que, por el momento, sólo puede sobrevivir de forma paralela a lo establecido.

Deja atrás todos tus sueños nostálgicos. Pierde el respeto por la autoridad de un sistema que es antagónico a tu manera de entender el mundo. Sólo vive por los tuyos y tus intereses. Y nunca, nunca, confíes en la policía.

JORGE MARTÍNEZ

 

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