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REFLEXIONES SOBRE EL 1º DE ABRIL

“En primer término, me gustaría explicar bien claramente que Franco no fue un revolucionario, aunque fuese el jefe de la Revolución Nacional Española, y durante su mandato se abordasen simultáneamente tres revoluciones que España tenía sin resolver: la social, la industrial y la agraria. En lo social alcanzó -ahí están los informes de la OIT referidos a la última década del franquismo- un nivel de vida jamás soñado por los trabajadores de nuestro pueblo. Los falangistas, naturalmente, aspirábamos a más, porque nuestra concepción ideológica del hombre nos exigía unas transformaciones que no pudieron ser abordadas en su totalidad o a las que no se pudo llegar porque con Franco desapareció su Régimen”.

JOSÉ ANTONIO GIRÓN DE VELASCO

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Se han cumplido los 80 años de la Victoria de los Ejércitos Nacionales acaudillados por el General Francisco Franco contra la tiranía salvaje y homicida demo-marxista que amenazaba no sólo con arrasar a España, sino desde aquí mismo a toda Europa; aquella guerra de casi tres años fue una de las grandes epopeyas de la Europa contemporánea. Fue una manifestación en suelo hispánico del eterno conflicto entre las potencias del Orden y de la Rectitud por un lado, y las del Caos y la Desintegración por el otro. El Sistema político que alumbraron aquella Cruzada y aquella Victoria, sin duda cambió el rostro y la piel -casi cuatro décadas después- de nuestra Patria, en apenas 30 años Franco transformó una nación miserable, arrasada, hambrienta, tercermundista y depauperada, en una de las naciones más prósperas y pujantes de Europa. En 1969 estábamos ya entre las primeras diez potencias industriales del mundo.

Es evidente que aquél no era el Estado que habríamos deseado todos los fascistas, pero preciso es reconocer que al menos fue un dique de contención contra males mayores, y que al menos ofreció unos materiales y unas posibilidades de actuación que los falangistas, por desgracia, no supieron o no pudieron (que de todo hubo) aprovechar. La pura verdad es que la derrota de Europa de 1945 y con ella la de todos los nacionalismos revolucionarios, tampoco hubiera dado demasiadas opciones a un Estado plena y auténticamente falangista. Poco importa si la Revolución quedó definitivamente “pendiente”, “aplazada, “fracasada” o simplemente quedó “inacabada”, lo cierto es que aquel Régimen en sus cuatro décadas de existencia realizó una gigantesca obra de Estado sin parangón en la Europa moderna y a todos los niveles, y gran parte de la misma sin duda tuvo un sello falangista, de hecho fue lo mejor de aquel Régimen que desde un principio fue de coalición, aunque la Falange apareciera al menos en las dos primeras décadas del mismo, como el “primus inter pares” de la misma. En lo laboral, en lo social, en lo sindical, la marca de Falange (más o menos descafeinada con respecto a la primigenia) fue indudable.

Sin duda, lo peor del Régimen del 18 de Julio fue el aplastante dominio de la Iglesia en política educativa o en materia de “moralidad”. La odiosa moral pequeñoburguesa y la mojigatería que se impusieron al conjunto de la sociedad, estaban a años luz de la ética guerrera y viril de la Falange. Como dato curioso resaltaremos el papel destructivo y dinamitador que tuvieron organizaciones dependientes de la Iglesia como fueron la Asociación Nacional de Propagandistas y luego el Opus (Ju)Dei, de hecho cortocircuitaron todo intento de afirmación falangista y de “falangistización” del Régimen (ahí están los fracasados intentos del grupo “legitimista” -los Ridruejo, Tovar, Entralgo, Aranguren, etc, 1937-41, todos traidores y chaqueteros posteriormente por cierto,  Arrese en 1941-45 y 1956-57, Solís y su “apuesta sindical, 1957-69), por supuesto siempre con la Gran Prostituta (el Vaticano) detrás conspirando, corroyendo y alentando el mal contra España. La Iglesia que fue la gran vencedora de aquella Cruzada contra la subversión mundial en terreno hispano, pasó a ser la gran traidora ya en los años 60, antes incluso del diabólico Concilio Vaticano II que acabó convirtiendo la Catolicidad en un auténtico estercolero y en un verdadero detritus antieuropeo. Y es que la Catolicidad que defendía la Falange, heredera del Sacro Imperio Romano-Germánico y de nuestro gran Siglo de Oro, nada tenía que ver con el estrecho, miserable, corto de miras y semitizante “nacional-catolicismos” de una Iglesia cada vez más ganada por las aberraciones modernistas humanista y protestante, de hecho el Opus (Ju)Dei ha sido visto como una especie de “protestantización de la Iglesia” (moral estrecha, culto al “éxito” personal, en el trabajo, en los negocios, economicismo, capitalismo y liberalismo burgués en definitiva, etc, de hecho su fundador,  homosexual, era descendiente de judíos conversos, “Monseñor” Escrivá de Balaguer…), y es que no hay nada más antitético e irreconciliable que la ética viril y ascético-militar por un lado, y la mezquina, acomodaticia y seguidista concepción del mundo y de la vida de un cuellotorcido que se pasa la misma dándose golpes de pecho y autoflagelándose como un repugnante tarado y a su vez dando consejitos de orden “moral” al resto, dos tipos de espiritualidad y dos tipos humanos opuestos. En el seno del Estado franquista pues, también se dio la representación y manifestación del esquema tradicional entre el enfrentamiento de las dos cosmovisiones que se disputan el mundo desde la noche de los tiempos: la Luz del Norte y la Luz del Sur; lo peor de dicho Sistema político nos viene de los grupos y personajes afines o inspirados en la la segunda, de hecho los que prepararon la Tra(ns)ición al actual estercolero democrático y plutocrático.

Ante la tamaña Obra de Estado que efectuó el Régimen del 18 en sus 40 años de existencia, es normal que los enanos y canallas que llevan más de esa cifra gobernando (es un decir) España, sientan ese odio irracional hacia la gigantesca figura del Caudillo, ha sido elevado al rango de “enemigo metafísico” de la HEZ-paña democrática, es la pequeñez de la gentuza miserable que odia todo tipo de grandeza, incapaz por otro lado de superarse a sí misma, esa masa infame de anormales intentan poner la zancadilla a todo lo que les supera. Guste o no, Franco forma ya parte de la mejor Historia de España, fue un ser demasiado grande para ser comprendido por este mundo de gilipollas terminales y de eunucos existenciales. Llevamos más de 40 años de nauseabunda y vomitiva democracia y el nivelazo que tenemos a la vista es de pena, tanto en lo político, como en lo social, en lo laboral y no digamos en lo cultural. Tenemos a la vista un estadito multifraccionado y atomizado hasta lo indecible y completamente a la deriva, una caricatura paródica y grotesca de la Gran España de antaño, una nación descompuesta y encanallada que camina resueltamente hacia el abismo, en definitiva la negación absoluta de aquella mítica y legendaria Victoria de 1939. Como dijo el camarada de la ACIMJI Sr. Jordá en un brillante discurso con motivo de la conmemoración del Día del Dolor el pasado 20 de Noviembre de 2018, ante el monumento a los Caídos de la Cruzada levantado en la Roca del Vallés (Barcelona): “podrán quitar los monumentos dedicados al Caudillo, sus placas conmemorativas, sus calles, sus doctorados “honoris causa”, pero su obra es tan gigantesca que todo lo que tocamos y pisamos en su mayoría es de su Época, sus Hospitales, varios de ellos aún hoy entre los mejores de Europa, las cientos de miles y miles de viviendas que se construyeron a bajos precios por el Instituto Nacional de la Vivienda, los cientos de pueblos que se crearon a raíz del Instituto de Colonización, la mayor parte de los actuales Parque Naturales de los que seguimos disfrutando, muchas de las leyes de protección de varias especies animales vienen del franquismo (ley de protección de aves rapaces nocturnas y diurnas, del zorro, del lobo, etc. En este sentido la gran figura del genial Doctor Félix Rodríguez de la Fuente jugó un papel capital, especialmente en el segundo franquismo), los miles y miles de hectáreas que se repoblaron (ya incluso en plena Cruzada como señaló el historiador Stanley Payne), autopistas y carreteras, hasta el asfalto que ahora mismo estamos pisando tiene sello franquista…”

¡¡¡SEMPER FIDELIS!!!

JOAN MONTCAU

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