REFLEXIONES ACERCA DE LOS CANGUROS

Krugman es la cara amable del capitalismo teórico, tiene ese aire Keynesiano de preocupación por la parte más endeble de la ecuación -que siempre son los trabajadores- y hasta resulta convincente cuando explica que el Sistema no es malo intrínsecamente, sino que son los gestores los que sacan lo peor del mismo.
Además, hay que reconocer que es fácil leerle pues, al contrario que muchos sesudos economistas, suele recurrir -como buen profesor- a ejemplos prácticos con los que facilita la comprensión de las partes más intrincadas. Y más aún, es un tipo simpático.

Una de sus ocurrencias más celebradas es la de la autollamada “Cooperativa de Canguros del Pentágono”. En ella dibuja a través de un ejemplo real, lo sencillo que resulta organizar la economía de una sociedad y ejemplarizando con uno de los fallos de la citada cooperativa, traza un paralelismo con la actual crisis para acabar demostrando cuán sencilla es la solución si existe voluntad.
“Tu gasto es mi ingreso y mi gasto es tu ingreso”, es uno de los pilares de la economía de mercado y con esta máxima de fondo, desarrolla su anécdota.
150 parejas jóvenes cuyo único nexo en común es que todos eran compañeros de trabajo, idearon un sistema para ahorrarse unos cientos de dólares en las tareas cotidianas del cuidado o traslado de sus hijos; a esta organización la llamaron “Cooperativa de Canguros”.
El sistema no podía ser más sencillo: se repartirían las citadas tareas.

Para asegurar que cada pareja respondía con su trabajo y no sacaba provecho personal del sistema establecido, se pusieron en circulación unos vales.
La cooperativa asignaba vales canjeables a las parejas que se unían al sistema. Cada pareja recibió el mismo número exacto de cupones: 20. Cada uno de estos cupones equivalía a media hora de canguro, por lo tanto cada pareja disponía de un saldo de 10 horas. Cada vez que se hacía un servicio de canguro, quienes dejaban a los niños entregaban a la pareja cuidadora el número de vales correspondiente. Y así sucesivamente. De este modo se aseguraban de que, con el tiempo, todas las parejas habrían hecho tantos servicios de canguro como habían solicitado, porque tendrían que recuperar los cupones entregados a cambio del servicio.
La realidad no fue así.

La mayoría de las parejas prefirieron mantener una reserva de cupones en los cajones de la cocina, por si acaso tenían que salir varias veces seguidas, citas imprevistas o fiestas de guardar. Se llegó al punto en que el número de cupones en circulación era notablemente inferior a la media de reserva que las parejas querían tener disponibles.
¿Qué había sucedido?

Algunas parejas comenzaron a desconfiar porque tenían una escasa reserva de cupones y dejaron de salir hasta que hubieran aumentado sus reservas haciendo de canguro para otras parejas. Pero, precisamente por el hecho de que había muchas parejas reticentes a salir, las oportunidades de adquirir cupones cuidando a niños ajenos comenzaron a escasear.
En resumen, la cooperativa de canguros entró en una depresión que se prolongó hasta que se decidió aumentar el número de cupones.

El profesor Krugman aprovecha la anécdota de la “recesión de los canguros” para extraer algunas conclusiones arrimando el ascua a la sardina de sus teorías económicas:

– “Cuando en la cooperativa de canguros, los miembros que iban cortos de cupones decidieron dejar de gastarlos y renunciaron a salir, eso no provocó ningún automático y compensatorio incremento del gasto por parte de otros miembros de la cooperativa; al contrario, la reducida disponibilidad de oportunidades de cuidar a otros niños hizo que todo el mundo gastase menos.”

– ” Una economía puede caer en una depresión real por fallos en la coordinación, más que por una deficiencia de capacidad productiva. Los problemas de la cooperativa no se debieron al mal cuidado de los niños ni a unos impuestos demasiado altos. La razón eran las insuficientes existencias de cupones, lo que provocaba que cada miembro de la cooperativa intentara acumular cupones a los ya atesorados, hecho éste que en realidad, no podían sostener como grupo.”

– ” Incrementar la oferta de dinero es la forma en que Estados Unidos ha salido de las recesiones. La Reserva Federal puso las prensas a trabajar en las recesiones de 1981-82, 1990-91 y 2001 con buen resultado. El motivo por el que esta medicina no está funcionando en la crisis actual es que Estados Unidos se encontraba en una trampa de liquidez; cuando ni siquiera el cero es lo suficientemente bajo, cuando la Reserva Federal ha saturado la economía con liquidez hasta el punto en que tener más efectivo ya no supone ningún coste, pero sin embargo la demanda general sigue siendo demasiado escasa, la solución pasa por un arranque del gasto público.”

Hasta aquí el interesante ejemplo del profesor Krugman y sus conclusiones.
Ahora bien y desde nuestra ignorancia en economía, nos hacemos las siguientes reflexiones:

Como consecuencia de una demanda social, había un mercado (cuidado de niños), había un trabajo (canguro) y se ideó una moneda (vales) que regulaba el coste de esa mano de obra (contraprestación).
Todas las familias arrancan en esta microeconomía con el mismo número de vales (dinero), ergo, con el mismo número de oportunidades en la sociedad creada (esta parte tiene poco que ver con la realidad del capitalismo).
La moneda fiduciaria (vales) que se crea como contraprestación a los servicios prestados (trabajo) y que ha sido repartida EQUITATIVAMENTE no está avalada por ningún tipo de reserva (patrón oro) o fondo, sino por el propio trabajo de los hombres y mujeres que conforman dicha sociedad (patrón trabajo). Tampoco tiene mucho que ver con el capitalismo, ciertamente.

Tanto la Cooperativa de Canguros como el mismo Krugman pasan por alto un hecho fundamental: cuando el sistema canguril entra en crisis -sea ésta provocada por las circunstancias que sean- y antes de la solución que aplicó la cooperativa de aumentar el número de vales y con ello la confianza de los acaparadores de cupones, los miembros de esta sociedad en respuesta a sus legítimas necesidades de custodia de sus hijos, podían haber recurrido a “canguros externos” o haber devaluado su propia oferta de trabajo en relación al cupón o incluso los que mantienen reservas importantes de vales, ante la carencia de éstos en el mercado, incrementar su valor aprovechando las necesidades de una parte de su estructura social.

Consecuentemente, el justo sistema ideado y establecido por los Canguros precisa de una mano firme de control por parte de la propia Cooperativa (¿Estado?) para garantizar su solvencia y su correcto funcionamiento.

LARREA     AG/2015

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