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REFLEXIONES SOBRE LA VIOLENCIA. GEORGES SOREL

“La fuerza tiene como objeto imponer la organización de determinado orden social en el cual gobierna una minoría, mientras que la violencia tiende a la destrucción de ese orden. La burguesía ha empleado la fuerza desde el comienzo de los tiempos modernos, mientras que el proletariado reacciona ahora contra ella y contra el Estado mediante la violencia.”

“Sabes también como yo, que lo mejor de la conciencia moderna es el tormento del infinito.”

La revolución no pretende la regeneración del capitalismo ni las concesiones que los “socialistas parlamentarios” prodigan a sus siervos votantes. No. La revolución desea ir mucho más allá y destruir una sociedad de amos y esclavos para construir un mañana en donde el obrero sea un trabajador y un artista, un creador. No importa la longitud de la cadena, mientras siga la estructura de división capitalista del trabajo toda relación de trabajo será una sumisión del trabajador al capital. El obrero, según Sorel, no busca ni debe buscar nuevas concesiones, no debe anhelar sentarse en la mesa en donde se reparte el pastel, su deber es destruir un sistema que es per se corrupto y alienante, todo regateo material entrañará una pérdida moral.

¿Cómo movilizar a las masas para conseguir la derrota del capitalismo? Construyendo un mito revolucionario. Los eslóganes de los intelectuales o las utopías de los burócratas de las ideas carecen de fuerza para movilizar a las masas de obreros. Toda utopía, toda “construcción política” de la intelectualidad se convierte rápidamente en un proyecto reformista pero no revolucionario. Mientras que los mínimos de la utopía son asimilables para el sistema el mito revolucionario no lo es ya que es una realidad total que no admite modificaciones al carecer de una estructura lógica coherente ideológicamente jerarquizada. El mito revolucionario tiene, por lo tanto, esa doble ventaja: no es asimilable por el sistema estatal y es capaz de movilizar a las masas. Sorel propone el mito de la huelga general total para movilizar a la población obrera contra los intereses de la burguesía y de sus lacayos, los intelectuales socialistas; una huelga final en la que las estructuras de opresión del Estado quedarán destruidas por el ímpetu de las masas exaltadas.

Sorel no propone el uso bestial de la violencia para conseguir estos objetivos.

¿Es posible el mito revolucionario de Sorel hoy? A mi juicio no. La situación económica en Occidente es demasiado boyante para que las masas sean arrastradas por un mito redentor, hay demasiado que perder y siempre echan un buen programa por la tele. Mucho me temo que los mitos no tienen hoy un papel social más allá de celebrar éxitos de la selección de fútbol o de indignarse contra el último asesino o/y abusador de niños; mitos sociales que proveen a las masas de descargas emocionales catárticas y socializadoras pero que carecen de poder subversivo alguno. Sorel se enfrentó a los inicios de la demagogia sistemática en el caso Dreyfus pero no fue capaz de imaginar el poder que adquirirían los medios de información para manipular la conciencia de las masas y romper cualquier posibilidad de construir un mito social con poder subversivo.

Mucho me temo que hoy en día la praxis de las teorías sorelianas nos llevaría a un quijotesco predicar en el desierto o al más sórdido terrorismo.

ALFRED HORN

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