REFLEXIONES EN TORNO A “MINUIT” (MEDIANOCHE), DE VINCENT VAUCLIN

 

Nos llega este libro cuando aún arden en nuestro corazón las llamas de la ira y de la sed de justicia por el incendio provocado de Notre-Dame de París.
Vincent Vauclin, además de escritor es fundador y presidente de ‘Disidencia Francesa’ (‘Dissidence Française’), partido patriota que llama a “la reconquista nacional, social e identitaria”.

De un pensador a otro, principalmente alemanes y franceses, el autor va tejiendo un coherente discurso en su análisis de la catástrofe que sumerge a todas las naciones de Europa. La vuelta a los orígenes, a la raíz del ‘Imperium’, a la fuente romana, como ya llegó a señalar Charles Maurras. Recuperar el propio destino de las naciones que se encuentran entre el Atlántico y los Urales es el desafío que propone ‘Minuit’ en clave de ‘revolución conservadora’, “formulando una respuesta radical a la subversión ideológica que controla y confina las potencialidades de los pueblos europeos y que se apoya particularmente sobre la retórica antihistórica de los demagogos mundialistas o neo-soberanistas, frente a los cuales hay que posicionarse claramente afirmando la pluralidad de las procedencias carnales que constituyen tantos polos de contención que sería totalmente absurdo enfrentarlos entre ellos cuando, por el contrario, constituyen un todo articulado y orgánico que conformará mañana la columna vertebral del ‘Imperium Europaeum'” (*).

En Vincent Vauclin, de estilo claro y contundente, tenemos a un político, a un intelectual y a un escritor (por el orden que ustedes quieran), facetas que son difíciles de encontrar reunidas. Por eso su planteamiento desciende a lo realizable; entendemos que es por ello que Vauclin no se lance al lejano Vladivostok, sino que con un sentido más realista remita a la frontera geográfica de Europa con Asia, el río Ural: un proyecto continental, basado en las raíces telúricas en oposición a la suplantación de la Unión Europea.

“Por consiguiente el antagonismo está claro, y remite finalmente a esta ‘larga guerra’ multisecular que enfrenta a los partidarios del orden, del arraigo y del Derecho a los del nomadismo, de los flujos y de la licuefacción, las sociedades orgánicas y jerárquicas frente a las democracias liberales, mercantiles y cosmopolitas, los principios heroicos, diferenciados y viriles frente a las efusiones feminizantes, marxistas y universalistas. De tal modo que la ‘revolución conservadora europea’ constituye la síntesis operativa de estas respuestas a la subversión, en lo que representa un doble movimiento simultáneo de ‘revolución’ -es decir de vuelta a las fuentes inmutables de la Tradición- y de ‘conservación’- es decir de sacralización de lo que fundamenta nuestro continente: su substrato etno-cultural, herencia inestimable hoy amenazada de aniquilación por la inmigración, el mundialismo y en general por la modernidad” (*).

Leyendo a Vauclin no puedo evitar recordar la conocida contraposición geopolítica que representan las obras de Halford Mackinder y Karl Haushofer, por decirlo resumidamente. Creemos entender que nuestro autor se refiere a las talasocracias como imperios marítimos comerciales, frente a los pueblos continentales, de arraigo telúrico. Sin embargo la historia de España recoge una etapa que no encaja ni con un modelo ni con otro. Si recordamos el Sacro Imperio Romano Germánico en tiempos de Carlos V vemos que se despliega como un águila de dos cabezas. Por un lado el continente europeo y por otro la expansión marítima ‘plus ultra’. Ésta no fue para establecer factorías comerciales talasocráticas, sino para proyectar el modelo continental allá donde llegaban las naves de la armada hispánica. El proyecto de Carlos V, continuado por sus sucesores, nunca dejó en el olvido al enemigo oriental, pese a estar sobrado de enemigos en Europa. Tras el intento de avanzar por la costa sur mediterránea, frente a la potencia otomana, la geopolítica española llevó a la expansión por oriente, en Filipinas y, con la unidad peninsular ibérica, teniendo como base de partida los territorios portuguesas en la India, intentaba coger al Islam por la espalda, avanzando desde oriente hacia occidente. Como todos sabemos el proyecto acabó en derrota.

Por otro lado, es una constante de las fuerzas de la modernidad que en América no se repita de ninguna manera el proceso de medieval que vivió Europa. Siendo América una proyección europea, los europeos tenemos un compromiso histórico con quienes sembraron allá la semilla de nuestra cultura. En otras palabras, rubricamos la idea de Vauclin de la refundación política de la Europa continental añadiendo la perspectiva marítima. Hacer de Europa una gran fortaleza y además proyectar un liderazgo de ecúmene imperial, truncado hace siglos.

Vauclin no es un político al uso, sino alguien con todo el armamento ideológico necesario para identificar los problemas nucleares y ofrecer soluciones realizables sin rebajar el nivel de exigencia con los principios. Para conocer su pensamiento “Minuit” es un libro de recomendada lectura.

JORDI PLA

(*) Texto tomado y traducido de ‘Minuit’

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