REGRESO A ÍTACA

 

He tenido que bucear ríos de sangre,
para encontrar el naufragio en el fondo del océano de la raza.

Pero finalmente pude tocar la quilla horadada por el tiempo
y hacerme una idea clara de su forma.

Un laberinto tras otro, escondiendo el mapa verdadero.
Demasiado tiempo hablando un idioma extranjero.

No quiero construir nada que me resulte ajeno.
Necesito destruir lo que nos ahoga, lo que inmoviliza el núcleo cósmico de la estirpe.

Tuve que ampliar la capacidad del alma, de la vista y los pulmones.
Los dioses me guiaron hasta el ánfora secreta.

Adoro el fuego que forja la dureza del acero.
Adoro a los romanos que fijaron en una cruz al comunista.

No sé de qué modo antinatural y demente,
pudieron quitar de nuestro espíritu a los dioses.

Pero no es problema de los dioses, que siempre sobreviven,
es problema de los que estamos atados a la nada.

He tenido que surcar bitácoras terribles,
en mares sin faros, en mundos solitarios y desconocidos para nosotros.

Pero aquí estoy y sólo me importa permanecer,
navegando la inmensidad de las aguas de la historia, más allá del tiempo humano.

Como un submarino de aquéllos que se volvieron míticos,
y que nadie pudo jamás encontrar y rendir.

Lobos, águilas o delfines, viajamos por donde nadie sabe,
por donde nadie ve, por donde los flancos del enemigo se debilitan.

He tenido que bucear por lodo y por arroyos,
saturados de trampas punzantes y de cadáveres desconocidos.

Pero mi destino es el de Ulises. Mi destino es volver a Ítaca,
a ese sitio sagrado, donde nunca nadie nos podrá vencer.

JUAN PABLO VITALI

 

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