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ROSAS SIN ESPINAS, LAS HERMANAS CHABÁS

Recuerdo como si fuera ayer aquellos días en que, o bien por salir lluvioso o porque la oscuridad de la tarde nos había sorprendido, en lugar de regresar a casa caminando, nos dirigíamos a la Plaza del Caudillo a coger el tranvía. Para llegar de Escolapios a la parada, pasábamos por la calle de Hermanas Chabás.

– ¡Cuéntame mamá!, ¡cuéntame la historia de las hermanas falangistas!

Mi madre sonreía, supongo que porque siempre esperaba la demanda, con esa testarudez que tienen los críos cuando un cuento o una historia les ha robado el corazón.
Tras el relato, brevísimo pero contado con la emoción de quien lo había oído de primera mano, yo siempre quedaba en silencio y mientras esperábamos la llegada del 7, miraba de reojo la atalaya del imponente edificio del Ateneo Mercantil y me parecía otear en todo lo alto, la bandera de la Falange empuñada por dos mujeres valerosas, desafiantes ante una multitud enfebrecida.

El primero de Mayo de 1936 y cuando la manifestación de las izquierdas ocupaba la plaza frente al Ayuntamiento de Valencia, todo el mundo giró su vista hacia el edificio del Ateneo; allí, en su cima ondeaba con descaro la bandera roji-negra con las cinco flechas yugadas.
La indignación de los rojos dejó paso al abucheo y ambas cosas, al deseo de vengar la afrenta.
Se investigó mucho, se preguntó mucho, se amenazó mucho, pero nunca se llegaron a saber todos los nombres de los falangistas que habían participado en tan “criminal” acción.
Para sorpresa de los investigadores, entre los 6 o 7 osados falangistas, había -según testigos- al menos una mujer.
Los nombres de Enrique Esteve y de Vicenta Chabás fueron anotados como los cabecillas de la acción.

María y Vicenta Chabás Riera, hermanas y Camisa Vieja, Falangistas de primera hora y colaboradoras de Pilar Primo en el embrión de la Sección Femenina, fueron detenidas en su propio domicilio en los días siguientes del Alzamiento.
Fueron conducidas a comisaría donde fueron torturadas durante varios días con la finalidad de que delataran a los falangistas que se hallaban escondidos. Posteriormente, trasladadas a la prisión de mujeres. El día 6 de Octubre y sin acusación formal ni juicio alguno, fueron sacadas y asesinadas a tiros en las inmediaciones del Saler, muy cerca de donde había sido abandonado el cadáver de Enrique Esteve.

María y Vicenta nunca hicieron daño a nadie, sin embargo la calle que llevaba su nombre, hoy se llama no-sé-qué-gilipollez.
Aún hoy, cuando paso por esa calle, adyacente al Ateneo, miro de reojo la atalaya del imponente edificio y puedo verlas sonreír empuñando la bandera de la Pólvora y la Sangre.

MARIA Y VICENTA CHABÁS RIERA, ¡¡PRESENTES!!
Y… cobarde quién ceda.

LARREA    AG/2015

 


 

NdlR.Las fotografías se corresponden con las actas de exhumación de María y Vicenta, “muertas por heridas”, del 8 de Octubre de 1937 y el realojo efectuado por su madre en 1941 donde se concretan aquellas “heridas”: asesinadas por los rojos.

El Ateneo en 1937 cubierto por un cartel de la CNT justo donde los falangistas habían colgado su enseña unos meses antes.

La última foto, un grupo de milicianos (¿matones de retaguardia?) en la misma puerta del Ateneo, recogiendo colchones para atrincherarse.

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