SARSCOVIANOS

Me ha tocado observar el fenómeno del desenmascaramiento facial entre Madrid e Ibiza.

Un gusto deambular por ambos aeropuertos con la cara descubierta, volviendo a ver sonrisas, expresiones y faces.

Dentro de ellos, me sorprendió agradablemente ver que más o menos un 75% no llevaba bozal y que los que sí lo hacían se sentían como raros, nos miraban inquietos, como si hubieran perdido el favor de las normas pero siguieran muertos de hipocondría virofóbica enfermiza.

Lo contrario en los desenmascarados, que nos mirábamos unos a otros como con orgullo negacionista.
Algunos pobres empleados, atemorizados porque no les hacían dicho nada oficialmente, y no sabiendo qué hacer, por miedo a ser recriminados, la llevaban por si acaso.

Ayer vi mejor que nunca esas diferentes actitudes; para un zoólogo el ser humano es un animal muy fácil de interpretar comparado con los insectos o los peces, por ejemplo.

Había una fuerte influencia de los extranjeros, casi todos sin bozal porque en sus países hace un año que no los usan o no se los pusieron nunca.
Los pocos embozados eran españoles mirando a los lados, incluso parejas en las cuales uno lo llevaba y el otro no.

A ver, soy consciente de que un tipo de dos metros con sombrero y bigote en punta sin bozal es una provocación para el covidicio pertinaz, por eso otras veces me atacaban con las miradas agresivas debatiéndose entre decirme algo y arriesgarse a un Will Smith o conformarse con tratar de hacerme sentir incómodo.

Pero ayer los incómodos eran ellos, que se preguntaban cómo es posible que tanta gente sea tan inconsciente para ir a cara descubierta. Nos miraban como si fuéramos desnudos, sin darse cuenta de lo ridículos que resultan ellos.

Los fingers de los vuelos con todo el mundo apilado en un tubo sin ventilación; los covidicios lo de la distancia lo obvian, siendo, incluso con sus parámetros equivocados, la única medida teóricamente algo efectiva.

Después, están los enmascarados que intercambian microbios entre sus filtros de café con gomitas dándose besos y abrazos con bozal, es lo más absurdo que vi en mi vida.

Si crees en el sarscov no deberías hacer eso, es como dejar un preservativo usado dentro para que se vacíe al terminar.

Mientras esperaba en la terminal, hice un esfuerzo empático para meterme en la mente de un creyente sarscoviano. El ejercicio era el siguiente; suponer que me creo lo mismo que ellos y buscar la congruencia dentro de los parámetros de su religión. Conclusión: no existe tal congruencia.

El ultrasarscoviano poliinoculado enmascarado debería sentirse el ser más seguro del planeta Tierra, invulnerable; se ha metido por dentro y por fuera cuanto le han propuesto los espectros de las TV. Lleva dos años bañado en hidrogel, hasta se hace cubatas con él. No pisa un bar, ha echado a los negacionistas de su vida, ni en Nochebuena se junta con sus hermanos purasangres. Ha inoculado hasta al hámster, tiene arrugas nuevas en el entrecejo de censurar antivacunas por las calles.

Cierto es que sigue sin saber distinguir a una bacteria de un ciervo, pero sabe bien una cosa, es un ciudadano ejemplar, generoso inyectado por los demás, respetuoso con el Cadmio Climático, ha enviado macarrones a Ucrania y ya no verá más pelis de Will Smith; apoya el “Black Laif Matter”, el “mitú” y a Grinpis.

Dice “ellos, ellas, elles” prolongando sus frases hasta el límite de lo insoportable, y ha dejado de cocinar en casa ensaladilla rusa en solidaridad (a restaurantes tampoco va).

Cada vez que su pareja se marcha de viaje dejan de copular 18 días y medio tras el regreso por si acaso, y sin besos en la boca, claro…

¡Y todo ese esfuerzo inmenso durante dos años para que ahora se le ponga detrás en la fila de embarque el puto Mirones sin vacunar, a bigote suelto y muerto de risa hablando por el móvil! ¿Cómo no van a sentirse decepcionados?

¿Y qué hago si se me sienta al lado durante el vuelo? Pensará.

Estuve todo el trayecto bebiendo a sorbos un agua mineral con gas que no se acababa nunca y gracias a la cual podía prescindir de parecer cirujano.
Tras meterme en la cabeza de estas pobres personas a las que han llenado la sangre y los órganos de ARN mensajero sintético hecho con riñón de mono enfermo y que fabrican proteínas spike tóxicas sin parar, que están rodeadas de amigos trinoculados con cáncer repentino e infartos constantes, veo que hay que protegerlos, están sufriendo mucho, están en peligro de extinción.

Iniciaré una campaña de “apadrine a un covidicio” o “él no lo haría” o quizá una ONG llamada Mascarillos sin Fronteras, no sé…

FERNANDO LÓPEZ-MIRONES

euskalnews.com

https://t.me/elaullido

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