¿SOLO SANGRE EN LA NIEVE?

Aquéllos que de tanto en tanto y mejor o peor fortuna juntamos letras con intención de volcar en frases ideas o sentimientos sabemos que lo escrito no nos pertenece: desde el mismo momento de ver la luz será propiedad de quien lo leyó para sí.

Cuando Vitali tomó de García Márquez la evocadora imagen “sangre en la nieve” para incorporar a renglón: “la memoria de niños con uniforme”, la vida trágica de Nena Daconte abandona los paisajes imaginados por el autor para instalarse en otros ojos, en otra mirada… en otra historia.

“Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido.
Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo.
Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve, la memoria de niños con uniforme, las espesas cenizas de la guerra civil, la luz cegadora del vacío.
Ahora que somos el olvido del olvido, inofensivos héroes del pasado, hoplitas desnudos, obreros poetas, agricultores”.

Con estos versos imperecederos del “Canto a Nosotros” doy paso al asuntillo que motiva esta entrada: la publicación del enésimo memorándum sobre la “Ultra” española.
Suerte de enciclopedia cíclica que, como la Guía Michelín del fascio cañi, más o menos cada lustro nos retrata a unos cuántos a semejanza de cuando Alberti, Bergamín o Altolaguirre señalaban con sus cuidados deditos de manicura a los futuros paseados.

La “obra” en cuestión, de título evocador: “De neocón a neonazi” deambula por los lugares comunes de anteriores Encartas y, amén de una cuidada edición, si alguna novedad aporta a la basurilla de trámite, ornamento para adictos a la arcaica literatura panfletaria con que nos suelen aburrir los zurdos, ésta es la lectura entrelíneas de párrafos cómo el siguiente:
“Al analizar la llegada de los monstruos en los tiempos en los que, como decía Gramsci, lo viejo no termina de morir, pero lo nuevo no acaba de nacer, observamos una suerte de fascinación hacia la estrategia de la extrema derecha por parte de ciertos sectores, incluida, afortunadamente aún de manera minoritaria, parte de la izquierda. Una izquierda ubicada en una posición reactiva, que mira la fantasía y la ilusión de la estrategia comunicativa de la ultraderecha, su uso de las redes sociales o su supuesta capacidad para permear en capas de la sociedad muy heterogéneas. El rojipardismo, si bien es minoritario dentro de la izquierda en el Estado español, no deja de ser un peligro que trata de abrirse paso. No nos podemos permitir que se abracen, ni siquiera tibiamente, postulados de la extrema derecha en cuestiones migratorias, laborales (en una supuesta defensa de los derechos de la clase trabajadora autóctona), ni en cuestiones de derechos, por razones electoralistas, de táctica o de estrategia. Porque, con la conocida como «lepenización de los espíritus», la extrema derecha cumple su función, que no es tanto gobernar como desplazar los debates hasta el punto de que la izquierda asuma postulados de la extrema derecha, especialmente racistas”.

El texto, a ratos, deja de manifiesto negro sobre blanco aquellos viejos fantasmas que tradicionalmente han acongojado a la izquierda: que nuestro discurso termine por escucharse y haga caer la venda de los ojos.
Ahí tienen la respuesta al “¿por qué tanto nos persiguen cuando solo somos la sangre en la nieve?”.

Dicho esto, un consejo: no compren el libro. En breve lo regalarán en el Carrefour al comprar un paquete de magdalenas.

LARREA  JUN/2021

 

 

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