SONETO PARA DESCREIDOS

(La otra orilla)

Fugaz se escapa el alma de esta orilla
y atraviesa la laguna entre la bruma.
Un barquero bate el agua y hace espuma
de una ciénaga espantosa y amarilla.

Nada ha cambiado, todo está intacto,
solo es apariencia lo que es cambio;
el barquero cobra su honorario,
y el alma queda libre: cumple el pacto.

Una moneda vale este último viaje.
¿Y la vida?. ¿Dónde está después la vida?
¿Acaso lo sabrá Caronte?

Yo iré ligero de equipaje.
Nadie me dará la bienvenida.
¡Qué incierta soledad en el paisaje!

Coda
Mi cuerpo sucumbe exangüe entre la arcilla
que sirvió al que aquí habita para crear al hombre.

RAFAEL

 

artero2

 

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