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TENIENTE CORONEL VALENZUELA, UN HÉROE DE LA LEGIÓN

Rafael Valenzuela y Urzáiz nació en Zaragoza el 23 de julio de 1881 y estudió en el colegio El Salvador, de la Compañía de Jesús. Fue humanista y políglota (llegó a dominar aparte de la lengua española, el francés, el inglés, el alemán, el griego y el latín con soltura).

Con 15 años (el 29 de junio de 1897) obtiene plaza de Alumno en la Academia de Infantería, con sede en el imperial Alcázar de Toledo y el 27 de junio de 1898, recibe el Real Despacho de Segundo Teniente.
El 31 de diciembre de 1903 asciende a Primer Teniente y el 1 de febrero de 1909 su uniforme ya luce las estrellas de Capitán; sirviendo con estos empleos en los Batallones de Cazadores de “Llerena”, “Barbastro” y “Talavera”, y en el Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” nº1.

Pronto fue destinado a Marruecos, donde destacó por su valor y por sus dotes de mando. Por su heroísmo en la Campaña de Marruecos fue ascendido el 24 de junio de 1913 a Comandante “por méritos de guerra”, siendo destinado al Regimiento de Infantería “Galicia” nº 19, de guarnición en Zaragoza.
El 6 de octubre de 1919 es promovido a Teniente Coronel y, abandonando su destino, marcha voluntario a la Campaña de Marruecos para tomar el mando de 2 Batallones de Cazadores.

En septiembre de 1922, es encargado de la organización de un nuevo Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, que había de llamarse “Alhucemas”, nº 5, siendo designado por el Rey para el mando del mismo.
Sin embargo, muy breve iba a ser el mando del teniente coronel Valenzuela sobre sus leales “Regulares de Alhucemas”, ya que por una Real Orden de 30 de noviembre de 1922, es designado por el Rey Alfonso XIII para el mando del TERCIO DE EXTRANJEROS, en el que había cesado (después de dimitir de su cargo por sus discrepancias con las Juntas Militares de Defensa), el ilustre Teniente Coronel D. José Millán-Astray, fundador de La Legión, haciéndose cargo del mando de dicho Tercio el día 2 de diciembre de 1922 y dirigiéndose ese mismo día a los legionarios, en una “ORDEN GENERAL DEL TERCIO DE EXTRANJEROS”, así:
‹‹Yo, modesto jefe del Ejército, aspiro a conservar este espíritu caballeresco de la Legión y cuento con vuestra cooperación para este fin. Sigamos todos el ejemplo glorioso de los legionarios que vertieron su sangre por España y que supieron vencer a los gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!››.

Durante la guerra del Rif, el 28 de octubre de 1922 la Legión había conquistado Tizzi-Assa, una encumbrada posición que culmina en el puerto del mismo nombre, y hasta donde se accede desde Tafersit, a través de Buhafora, Sidi Mamún, Sidi Mesaud y el barranco de Iguermisén.

En el mes de mayo y principios de junio de 1923, la situación de Tizzi-Assa era insostenible, atacada por miles de moros, conocedores del terreno, de la tribu de los Beni-Urriaguel (cuyo jefe Abd el Krim fue el cabecilla de la revuelta del Rif y responsable del Desastre de Annual en el verano de 1921 que costó la vida a cerca de 12.000 españoles).
Los soldados españoles la defienden con valentía, y las columnas de socorro luchan por prestarles cuanto antes los auxilios de toda índole que necesitan con urgencia. Pero lo abrupto del terreno, el barranco de Iguermisén y los riscos de las peñas de Tahuarda, impiden el paso a los convoyes, y el número de bajas empieza ya a ser muy elevado.

Estando de permiso en Madrid, Valenzuela conoce la noticia de la apurada situación de Tizzi Assa, y no dudó en ponerse en camino, llegando el 4 de junio a Tafersit, donde encontró reunidas a las Banderas I, II y IV, a las que se dirigió así: “Caballeros Legionarios, mañana salvaremos a nuestros compañeros de Tizzi-Assa; mañana entrará el convoy o yo pereceré. Mañana ejecutaremos esta hazaña, porque nuestra raza no ha muerto aún”.

Y el día 5 de junio de 1923, los legionarios empujaban al adversario, que a pesar del número muy superior y del terreno, empezaba a retroceder. Así llegaron las Banderas hasta el barranco de Loma Roja (o Cuesta Colorada) con múltiples parapetos de rocas, donde se detuvo el avance, pues el enemigo, bien protegido, parecía invisible y las pérdidas humanas se multiplicaron.
La situación se hacía cada vez más difícil y amenazaba con un nuevo fracaso como el de los días anteriores cuando, el Teniente Coronel Jefe del Tercio, D. Rafael de Valenzuela, ordena al cornetín de órdenes que toque “paso de ataque” para la Legión. Y antes de que el cornetín concluya la última nota de la contraseña legionaria, el héroe, al frente de sus Banderas, avanza decidido llevando en la mano derecha su pistola y alzando en la izquierda, su bastón de mando y su gorro legionario al grito de “¡A mí los valientes! ¡Viva la Legión!”. Le siguen los gastadores de su escolta, su ayudante, los enlaces y la Plana Mayor del Tercio. Al frente de sus legionarios logró tomar la cumbre y “cuando más fuerte era el fuego y la pelea más brava”, una ráfaga enemiga le alcanza de lleno hiriéndole mortalmente.

Pero la misión encomendada se cumplió. Peña Tahuarda fue rebasada y el convoy entró en Tizzi-Asssa, demostrando que “el espíritu de la raza no había muerto”.

Cuando el día 7 de junio se recuperó el cadáver de Valenzuela (hecho que costó su vida a 40 legionarios), éste tenía 7 balazos y estaba gloriosamente escoltado por sus gastadores, camilleros, su enlace y varios legionarios, muertos todos en la acción que costó la vida a su jefe. Leales hasta la muerte.

Su cuerpo fue escoltado por legionarios desde el campo de batalla hasta Melilla, pasando por el Puerto de Málaga donde recibió el homenaje del pueblo, Madrid, donde su familia recibió las condolencias de manos del rey, y Zaragoza, donde el pueblo aragonés acompañó el féretro desde la estación de ferrocarril hasta la cripta de la Basílica de Nuestra Señora de la Virgen del Pilar, lugar en que fueron inhumados sus restos, honor concedido tan sólo a personalidades eclesiásticas.

Al teniente coronel Valenzuela, caballero de la Orden de Santiago y de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, le fue concedida, entre otras condecoraciones, la Cruz de María Cristina, la Medalla de la Campaña de Marruecos, la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo y la Medalla Militar individual, a título póstumo. El Rey Don Alfonso XIII, le concedió “a título póstumo” el Título Nobiliario de Marqués de Valenzuela de Tahuarda.

Su muerte fue sentidísima en el Tercio de Extranjeros (su vacante fue cubierta por el recién ascendido a teniente coronel D. Francisco Franco Bahamonde). La Legión vistió de luto permanente. Enlutó sus banderas y guiones, destempló sus tambores y cajas de guerra y erigió un monolito en su memoria en todos los acuartelamientos legionarios.

En su honor se creó en 1939 la VII ª Bandera perteneciente al III Tercio de la Legión, que ha estado ubicada, desde entonces, en la ciudad marroquí de Larache (1939-1956), la saharaui de Sidi Smara (1956-1976) y las españolas de Puerto del Rosario en Fuerteventura (1976-1996) y de Almería en Andalucía (1996 hasta la actualidad), habiendo servido en la pacificación de Marruecos, Ifni, Sáhara Occidental, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Irak, Afganistán y República Democrática del Congo.

“Valenzuela se volcaba al hablar de ideales nobles y generosos; cuando se dirigía a sus hombres tremolaba la voz, distendía el gesto, temblaban sus puños y asomaban lágrimas a sus ojos de mirar recto y leal. Y en el campo, en operaciones, al crepitar la fusilería de la horda rebelde, su esbelta y vigorosa figura se agigantaba y el Legionario que era, se crecía guiado y transformado en todo su ser”. Coronel Mateo y Pérez de Alejo, “La legión que vive”

ROSA M. CASTRO

 

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