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EL TOCATA: BEETHOVEN. SINFONÍA N.3 “HEROICA”.

“¿Es que todos ustedes, caballeros, han caído presas del demonio, para sugerir que yo componga una sonata semejante? Bueno, tal vez en el momento de la fiebre revolucionaria, tal cosa hubiera sido posible, pero ahora, cuando todo está volviendo a deslizarse por los viejos carriles… ¿escribir una sonata de esa clase?… Pero, por Dios, semejante sonata -en estos nuevos tiempos cristianos- ¡oh! ¡oh!, no deben contar conmigo. No obtendrán nada de mí.”
“Beethoven le estimaba enormemente en esa época y le comparaba con los grandes cónsules romanos. Varios de sus amigos más íntimos y yo mismo vimos sobre su mesa una copia de la partitura con la palabra ‘Bonaparte’ al principio de la primera página… Fui yo quien le trajo la noticia de que Bonaparte se había autoproclamado emperador y, al enterarse, se enfureció y gritó: -¿Es que también él no es más que un mero ser humano? Ahora también él pisoteará todos los derechos del hombre y se dedicará exclusivamente a su propia ambición. ¡Se exaltará a sí mismo por encima de los demás y se convertirá en un tirano! -Beethoven se acercó a la mesa, tomó la página del título, la rompió en dos y la tiró al piso.”
El verdadero héroe de la Heroica no fue Napoleón. La ambivalencia de Beethoven con respecto al líder francés se transformó en una declaración subjetiva sobre el heroísmo del nacimiento, la muerte y el renacimiento. Lo que realmente está enterrando Beethoven (con su Marcha Fúnebre) no es a Bonaparte ni siquiera a sus propias actitudes conflictivas hacia Napoleón, sino al estilo clásico de la música. Lo que nace es una música abiertamente emotiva de una fuerza y una inmediatez sin precedentes.
El verdadero héroe de la Heroica es la música misma. En la historia del arte, son raras las veces en que los estímulos externos e internos interactúan dentro de la psiquis de un creador para producir una originalidad tan sorprendente. (En el siglo XX, son análogas a la Heroica -composiciones poderosas que cambiaron completamente la faz de la música- la Erwartung de Schoenberg y La Consagración de la Primavera de Stravinsky.) No es sorprendente que la fortaleza y la originalidad de la Heroica (y de sus homólogos de un siglo más tarde) provinieran de una fuente externa, puesto que los estilos musicales existentes (los de Mozart, Haydn, y el Beethoven de los primeros tiempos) estaban destinados, por así decirlo, a una expresión menos extrema. El vocabulario musical del momento no alcanzaba para equiparar la vigorosa persona de Bonaparte. Para interpretar semejante poderío en la música se requerían nuevos medios y de allí que la originalidad de la sinfonía fuera una consecuencia inevitable del significado que se le quería dar.
Oímos la Heroica y oímos un gesto sorprendentemente original tras otro. El primero es el sonido inicial: un tremendo acorde tocado y reiterado, seguido por una melodía que simplemente presenta las notas de este acorde una por una. Más adelante, en el primer movimiento, oímos ritmos intensos, silencios fuertemente acentuados (!), una derivación casi del otro mundo del tema inicial en la clave lejana de Mi menor, una expresión misteriosa del corno del tema tónico contra la armonía dominante en las cuerdas (justo antes de la recapitulación), interacciones rítmicas emocionantes de dos y tres, y dos acordes tónicos finales que reproducen la apertura en espejo. La Marcha Fúnebre es igualmente original, desde su naturaleza misma, pasando por su punzante fuga, hasta llegar a su clímax estremecedor.
El tercer movimiento aporta una enorme vitalidad que proviene de ritmos maravillosamente ingeniosos: la ambigüedad métrica inicial y su extraordinaria resolución, el movimiento inesperado en ritmos de dos tiempos durante la reexposición después del trío y el juego entrelazado de dos y tres (aun más imbricado que en el primer movimiento). La originalidad del final afirmativo reside en esta forma. Comienza como una serie de variaciones sobre un tema simple, que pasa a ser la línea de bajos de un tema más melódico y finalmente desaparece. Esta lista de gestos sin precedentes en la sinfonía podría ser interminable, pero no es la novedad de los materiales lo que debemos escuchar, lo que importa es la originalidad del concepto. Beethoven tuvo una idea singular para su tercera Sinfonía, y en el proceso de encontrar la música adecuada para esa idea creó una obra expansiva, integrada y poderosa.
Después del nacimiento de la Heroica, ningún compositor posterior pudo ignorarla. El desarrollo de la música sinfónica del siglo XIX se puede rastrear hasta la Heroica más que a cualquier otra obra, y le llevó a los compositores más de un siglo agotar su trascendencia.
ALFRED HORN
“…la Sinfonía Heroica después de todo, puede no haber sido concebida en un espíritu de homenaje más tarde remplazado por la desilusión; más bien es posible que Beethoven eligiera como tema a alguien hacia quien ya sentía una invencible ambivalencia que contenía un fuerte elemento de hostilidad. La sinfonía, con su Marcha Fúnebre, está centrada en la muerte del héroe así como en su nacimiento y resurrección: “Compuesta -escribió Beethoven en la página del título- para celebrar el recuerdo de un gran hombre.” Bregando por liberarse del patrón de su vida de sometimiento al dominio de las figuras de autoridad, Beethoven se sintió atraído por el conquistado que había confundido a los venerables líderes de Europa y se había instalado en el lugar de los mismos. Si en la superficie aparece el homenaje, los temas subyacentes eran el parricidio y el fratricidio y estos están mezclados con la sensación de triunfo del superviviente… Beethoven… fijados en alguien por quien tenía sentimientos confusos, alguien a quien ya había rechazado como príncipe/legislador ideal. De este modo la elección de Bonaparte como tema y la destrucción de la inscripción forman parte del mismo proceso. Beethoven descartó a Bonaparte dos veces: una vez al componer la sinfonía y otra vez al quitar su nombre del título.”

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