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EL TOCATA: NICK CAVE AND THE BAD SEEDS. THE MERCY SEAT

 

Nick Cave y yo nos dirigimos por una carretera al norte de Sydney hacia un concierto con su banda Bad Seeds en la ciudad de costera de Newcastle, cuando se vuelve hacia mí y dice: “Vamos a tener que hablar sobre “eso” ¿verdad?

Le respondo que sí, que es inevitable, que por eso estoy al otro lado del mundo.

“Mira, chaval, en cada concierto me pesa mi vida personal, el público cada vez más ignorante que sólo pide ruido, y “eso”. No hay día que no piense en ello. Por eso te he hecho venir”

Las luces de las estrellas circulando por aquella solitaria carretera en medio de la nada alumbraban la noche de manera muy diferente a Europa y el murmullo y olor del mar también eran diferentes. Más… más dulces y salados. Más a mujer.

Llegamos a una propiedad al lado de una playa. Parecía un palacio veneciano del Siglo XVIII por fuera, por dentro un puti club.
“De acuerdo, hablemos de “eso”. Pero antes sirve unos Daniels y sé generoso, tengo más.”

Nos sentamos en su terraza, a la orilla de la playa e inmediatamente empezó a llegar gente. ¿Luz en casa de Nick? Fiesta garantizada antes del concierto. Tan seguro como los fuegos artificiales en el Día de la Haburgesa Doble.

A los 10 minutos de llegar allí, entre Mr. Cave y yo había en fila recta de 20 absurdos personajes que aburrirían a un colgado de Ketamina; me levanté, me di una vuelta para agenciarme otra botella y fuí a poner otro disco. La Minogue me salía por los oídos figuradamente mientras a Nick se le metía por la bragueta en persona. Los australianos son muy abiertos, sobre todo de bragueta.

Cambio de Tercio. Basta de mariconadas. Cogí el disco causante de “eso” y al azar dejé caer la aguja del Technics SL 1210 sobre el vinilo negro.

La elegí por mi estado de ánimo y mi misión. Empezó a sonar, y de repente desee salir huyendo de aquella, en principio reunión privada convertida en Performance de lo más “florido, envidioso, I wanna be something y garrapatesco” de Sindey.

“Slowly goes the night” soltaba su primer estribillo. Nick se puso de pie, me miró, junto su mano a su corazón y me la devolvió con dos dedos abiertos, una y otra vez, cada vez que se golpeaba el pecho. “¡Ahora lo entiendes, hermano, ahora lo entiendes…”

Me giré, levante la cabeza, dejé el Daniels bien apurado y comencé a caminar lentamente hacia la salida mientras levantaba de espaldas el dedo meñique de mi mano izquierza al respetable que rodeaba a Nick y que nos observaban. Una salida muy torera, a mi juicio.

Ya fuera saqué un Kool extralargo mentolado, miré al mar y a las estrellas, y me monté en el coche sonriéndome y diciendo para mi: Sabinas y Fantasmas hay en todas partes. Deberían crear un Club.. Encendí el navegador para poner música y busqué “crooners”. Ironicamente esta fue la primera canción que salió, así que me puse cómodo, encendí otro piti y saqué una petaca, un querido obsequio de un camarada, a la que le dí un buen tiento.

“The Mercy seat”… qué cachondo el karma.

A.MARTÍN

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