TRAMPANTOJOS VIRTUALES

Parece ser que la última moda en juegos de móvil consiste en una aplicación que incluye imágenes virtuales de los dibujos de Pokémon en la cámara del teléfono y las mezcla con imágenes reales.
Por lo visto la gracia está en cazar a estos muñecos persiguiéndolos allí donde los programadores del juego los han puesto. Los sitios donde aparecen los muñequitos son variados e imprevistos: un parque público, las vías del metro, la mediana de una autovía, la sala de despiece de un matadero, etc… Aunque está recibiendo críticas, personalmente creo que es una iniciativa encomiable que, en virtud del principio de selección natural, puede contribuir eficazmente, con los accidentes que provoque, a combatir uno de los males endémicos de nuestro tiempo: la superpoblación de gilipollas.

Lo que me ha llamado la atención es que se esté presentando la cosa como algo novedoso cuando llevamos años gozando de inventos similares.
Para disfrutar con la experiencia de mezclar realidad y engendros virtuales sólo hay que ver un telediario cualquiera.
Igual que el juego de los pokémon puede hacernos creer que, entre los panchitos y practicantes de botellón de cualquiera de nuestros parques públicos, hay un Pikachu haciendo muecas, en la crónica parlamentaria hacen trucos parecidos para deleite y regocijo de los espectadores.

Ayer, sin ir más lejos, en las imágenes del Congreso, creí distinguir, entre la pandilla de trileros, suripantas, bufones y sinvergüenzas apoltronados en los escaños, a un tío con pinta de buena persona. Todavía estoy dudando sobre si era un ujier o un pokémon.

J.L. Antonaya

 

ANT2

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