TRUMP Y EL NEOFASCISMO

Cuando en 1945 el mundo quedó dividido en dos bloques aparentemente enfrentados, los restos de los fascismos caídos en combate (para un fascista no existe la “neutralidad” expectante: murieron luchando, o fueron hechos prisioneros el último día), y que eran pocos y totalmente anatemizados por los vencedores, se apresuraron a buscar una salida política con la remota posibilidad de tocar poder como en el período de entreguerras.

Los países donde la cultura político-social nacional-revolucionaria había gobernado o tenido calado, fueron los primeros en ver partidos emergentes con las mismas características ideológicas de la Europa de la década de los años veinte: el que tuvo retuvo.

Pronto estos movimientos fueron prohibidos o desvirtuados por elementos pagados e infiltrados al efecto, con la intención de que el incipiente neofascismo europeo, fuera “el ala derecha” de los sistemas políticos occidentales que estaban naciendo ( la deriva antirrevolucionaria del MSI viene de los años cincuenta, por ejemplo, no de la “época Fini”). Se vendió la moto por parte de ideólogos “neofascistas”, y otras gentes militantes a las que “les iba la marcha” (gimnasia revolucionaria en el argot), de que el principal enemigo era el comunismo, que cualquier día invadiría la Europa “cristiana, blanca y de derechas” (el “mundo libre” lo llamaban), cuando la realidad era que todo estaba pactado de antemano en zonas de influencia.

Jamás intervendrían los EEUU ni la OTAN en Hungría, Checoslovaquia, Afganistán o Polonia en el 81 (sí, la misma que causó la Segunda Guerra Mundial…), para defender aquello que nos dijeron que defendían “los buenos” y vencedores de 1945. Los bloques solo se inmiscuían en los estados bajo su dominio, nada más. La defensa de la democracia de partidos, el libre mercado nacional, la NATO en muchísimas ocasiones, la unión con antifascistas de siempre, con monárquicos conservadores, o el participar en la llamada “estrategia de la tensión” para “calentar el ambiente” a la espera de “los coroneles”, fue habitual en los partidos y grupos “neofascistas” de Europa durante aquellas décadas, incluídos algunos de los grupúsculos supuestamente “más radicales” y “megarrevolucionarios”.

Sobre la archifamosa Red Gladio, de la que existe abundante información publicada y desclasificada, no hace falta hablar. Todo un fraude, una farsa y una impostura siniestra, porque costó muchos muertos inocentes, detenciones, cárcel y sufrimiento a los “neofascistas”, y a las víctimas civiles de diversos países europeos.
En 1989 cayó el muro, y con ello la OTAN todopoderosa se quedó sin enemigo aparente. “El fin de la historia”, lo llamaron.

Otra mentira. El estado de evolución monopolística del capitalismo a nivel mundial (eso que llaman globalización), les hizo buscar el control de las grandes reservas de energía y petróleo del mundo: Oriente Medio y el Norte de África, y de paso tratar de derrocar a los regímenes que eran y son enemigos de Israel, principal baluarte del mundo blanco y democrático en esa región del mundo según el “cachondo” MSI de los años sesenta, ¿os suena?…

Los millones de inmigrantes musulmanes que llegaron a Alemania por las necesidades de la posguerra, a Francia tras la descolonización, o a otros diversos países europeos en menor medida por razones semejantes, se conviriteron de pronto en el “islamofascismo” para los demócratas occidentales y otanistas (hay que reconocer que entre ese sector de población, anida muchísima animadversión al sionismo israelí, el capitalismo, lo que ellos ven como cultura progre-liberal imperante en Europa, el aborto, etc).

Y en este río revuelto, las izquierdas piden que vengan más para mezclar Europa en un totum revolutum de nuevos adeptos antirracistas, y en realidad mano de obra barata para el capitalismo. Los muchos millones de inmigrantes de otras nacionalidades no importaban casi, y sí eran vistos con buenos ojos por ser más “europeizables” (sexo de todo tipo, drogas, agilipollamiento y consumismo para entendernos).

¿Y dónde encajan Trump, Le Pen o los liberales holandeses y austriacos en todo esto?: el sistema globalizador va a permitir que la extrema derecha llegue al poder (sionistas de derechas hay muchísimos), siempre que no cuestione el status de Israel en Oriente Medio, condene y combata a quien se oponga al mismo, y de paso anatemice todo lo musulmán por ser “políticamente incorrecto”, y el enemigo principal y casi único para “occidente” (Irán, Siria, resistencias libanesa y palestina, etc). Y no olvidemos que una parte no desdeñable de los miembros de los movimientos tradicionales, revolucionarios y antisistema de estos países son cristianos… y mujeres.

Trump, el magnate de los casinos (el juego siempre estuvo prohibido en regímenes que todos tenemos en mente), el empresario “hecho a sí mismo”, como tanto gusta en Norteamérica, no es sino un peón más del Nuevo Orden Mundial. Los últimos nombramientos para su equipo de gobierno lo confirman. Quieren guerra con el pacífico país persa, tierra de arios, no lo duden. Y machacarán todo lo machacable para que Israel sea definitivamente hegemónico en Oriente Medio.

El resto de medidas Trump para EEUU, y si las cumple: conservadurismo nacional-liberal a lo Putin o Marine (nuestros “héroes” en carteles son ahora De Gaulle, Churchill, Eisenhower o Stalin en Rusia…). Algo de chauvinismo patrio siempre a las órdenes de los grandes grupos de presión económicos, digan lo que digan los nuevos defensores del imperio yanky (recuerden: tienen bases en 140 países del mundo), la ultraderecha europea y mundial supuestamente “neofascista”, “revolucionaria conservadora”, “identitaria”, “socialpatriota”…  y todos los palabros que quieran inventarse.

“Israel no nos invade”, dicen algunos… claro, porque estamos ciegamente de su parte, sino, otros gallos más fuertes ya nos hubieran cantado hace mucho por Vascongadas y Cataluña a los españoles, o con Marruecos. Por cierto, sí estamos ocupados militarmente con unas bases usacas y en el peñón de Gibraltar muchísimo más problemáticas para España que los inmigrantes, el día que se les diga que no, que no les queremos…

Ahora y siempre, se pueden hacer las cosas más sibilinamente…Los que antes nos engañaron con “la lucha antisistema y anticomunista”, ahora lo hacen con “la lucha pragmática antisistema y proTrump”.

Avisados quedan.

R. GARCÍA

 

garc3

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