ULTRADERECHA, ULTRADERECHA, ULTRADERECHA…

Cada vez que alguien dice “ultraderecha” se muere un angelito en el cielo.
Hay que ver lo que dio de sí allá por los 70 aquello del “contubernio rojo masón” y eso que Franco solo lo dijo una vez.
Los columnistas de los periódicos progresistas se exhibieron en su talento y los viñetistas Forges, Perich, Peridis, etc… irradiaban ingenio.
Recuerdo que mi profe de Literatura cuando me preguntaba lo hacía con la retranca: “sr. Larrea, reserva espiritual de Occidente, hábleme de Garcilaso”.
Muy gracioso el curilla.
Me gustaría verlos ahora por el ojo de una cerradura…
Porque en verdad que mugresía y acólitos resultan mucho más obsesivos con sus dogmas que el mismísimo Caudillo.
Unos pelmazos, oiga.
Pero “minuto y resultado en La Condomina, compañero” lo cierto es que en Francia el marcador ha sido de TODOS A UNA 6O, ULTRADERECHA 40.
Y este partido es para corredores de fondo.

Un gran amigo y camarada me contaba que cuando comenzó sus estudios en La Sorbonne allá por 1968 no tenía decidido del todo quiénes serían los suyos, pero una vez en la Uni sí tuvo claro como el agua quiénes no lo serían.
Es un buen comienzo.

Europa está despertando, es muy posible que aún no en torno a una idea, pero sí con la certeza absoluta de lo que no quiere.
Hemos aprendido a ser maratonianos.
El enemigo sólo es un papagayo con un argumento vacuo: ultraderecha, ultraderecha, ultraderecha.

Le Menhir por fin ha ganado.

LARREA  ABR/2022

 

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