UN DÍA EN LA VIDA DE UN FASCISTA

 

Son las siete de la mañana y salto de la cama como un resorte. La disciplina siempre. Un café, un vistazo a la prensa digital (nada nuevo bajo el sol, España sigue en su particular descenso a los infiernos), y coger el coche hacia el trabajo.

¿Qué escucho en el vehículo? ¿algo de Hyperbórea, o ese CD de Los Chichos que alguien metió en la guantera, para camuflarme entre la gente?… Escojo lo primero sin dudarlo. Hasta el mediodía en la oficina, pura rutina y a ver si sale algo de inspiración para escribir sobre política. Hay que agitar todos los días, nunca se sabe si gota a gota, convenceremos a los demás, pero es un deber intentarlo. Siembra que algo queda.

Los compañeros currantes se quejan de todo, pero nadie hace nada por cambiarlo. ¡Bendito país!. Yo soy el raro allí, no solo por militar en política, sino por mis ideas. Lo selecto escasea, pienso.
Comida y vuelta al trabajo. La semana se hace pesada, no salimos de la crisis, pocos resultados destacables, pero se conlleva con ilusión, al fin y al cabo se trata de participar en el engrandecimiento de la Patria.
De regreso me cruzo por la autovía con una columna de blindados del Ejército español , y me alegra el alma pensando en otros tiempos. “¡Por encima de la disciplina está el honor!”,¿alguien se acordará de aquella frase a estas alturas?…

Llamadas de camaradas y noche de cervezas para despejarse de la monotonía. Escucho auténticas barbaridades de la clientela del bar que por prudencia es mejor no repetir. Muchos españoles están hartos, pero tampoco se mojan, si no es con la bebida del vaso que degustan con devoción.
Unas pegatinas en el mobiliario urbano con una llama rojigualda sobre fondo negro, iluminan la noche. Llevan escrito un lema imperecedero: Patria, Justicia, Revolución. Dura batalla la de poner y ver arrancados tus adhesivos con una saña digna de un demente. No importa, hay más para decorar la ciudad.

Conversaciones de nuevos proyectos, mientras tu pareja mira hacia otro lado cansada “de escuchar siempre lo mismo”: carteles, actos, ¿editar un fanzine como cuando éramos adolescentes?, la verdad es que tiene su ay, y se llega muy bien a los jóvenes. Añoramos las viejas revistillas hechas con folios, tijera, pegamento y máquina de escribir, que repartíamos a la puerta de un instituto, o en una mesa en la calle. Habrá que pensárselo.

Cae la noche y me acuesto pensando en el día a día. Parece mentira, pero seguimos presentes. Nadie nos olvida, para bien o para mal.

Hay que currárselo. ¡¡A Noi!!

R. GARCÍA

 

GARC3

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