UN GULAG, POR COMPASIÓN

Para este ensayito entiéndase bien, amigo lector, que hemos tomado y tuneado el título de la obra de Kesselring, cuyo guión adaptado por los hermanos Epstein cristalizó en una de las mejores películas de comedia negra magistralmente dirigida por Frank Capra.
En ningún momento entra en nuestra intención trivializar, siquiera bromear, sobre el brutal y continuado genocidio llevado a cabo por el comunismo soviético y que desde el “Archipiélago Gulag” de Solzhenitsyn hasta “Los dibujos del Gulag” de Danzig Baldaev, pasando por una extensa bibliografía, queda iluminado en su extrema crueldad.
Sencillamente, hemos sustituido el arsénico del título de la comedia de Broadway por el Gulag, y las buenas razones las encontrarán en el punto y final.

Uno, y ya con demasiada frecuencia, tiene que pellizcarse los mofletes para asegurarse de que no se encuentra en los brazos de Morfeo, y tentarse bien los machos antes de salir a la calle o dar una opinión en público porque, francamente, cada día resulta más dificil identificarse con los evangelios que están imponiéndose en este pais.

Un par de días atrás hemos asistido boquiabiertos a un aquellarre difícil -muy difícil- de contextualizar e incluso de interpretar, porque todo en él ha resultado un inmenso disparate.

Grupos de mahometanas llegadas desde las sociedades más retrógradas del globo, de riguroso negro y txapela hasta los párpados, vociferaban contra el machismo de los españoles y se quedaban tan desahogadas.
Compartiendo con éstas manifestación y vocinglerio, seres rabiosos con alguna forma femenina identificable, blandiendo pancartas rebosantes de odio, se exponen en semicueros frente a una iglesia -cristiana, of course- y exigen “respeto”; empero un sacerdote con los galones necesarios y extralimitado de vino de consagrar, días antes había afirmado que la propia Virgen María formaría con aquella legión de “zorrapastrosas”.

La derecha -la antigua y la nueva- no quiere quedarse fuera del fenómeno mediático orquestado internacionalmente con tintes de “ya es primavera en el día de la mujer” y se adhiere a la sarta de memeces con lacito morado; aunque, eso sí, sin sumarse a la huelga, Dios les libre.
Hipersubvencionados colectivos homosexuales con batucada y pancarta de “aborto libre para trans” redondearon una jornada para la memoria del estrambote y a mayor gloria de la decadencia de nuestra civilización por obra del marxismo cultural amamantado por una sociedad rehén y servil.

Días antes habíamos asistido con enorme tristeza a la “revolución de los jubiletas”, de la que esperamos nuevos capítulos muy pronto, pues forma parte de una estrategia de tensión perfectamente pergeñada por los colectivos podemitas.
¿Con enorme tristeza?, ¿por qué con enorme tristeza?.
Por dos motivos clarísimos, a saber:

En primer lugar porque seguimos llegando tarde a todas las reclamaciones justas de los distintos estamentos de la sociedad. Y ésta lo es.
En segundo lugar y más importante, porque me invade la pena y la rabia al corroborar la sempiterna facilidad con que la extrema izquierda manipula a los colectivos sociales.
La razón de nuestros pensionistas es utilizada como arma arrojadiza contra el gobierno con las acusaciones de corrupción, que en el fondo son tan solo el clásico “quítate tú para ponerme yo”, repitiendo sin parar hasta que cale en todos los cerebros que el dinero que falta para cuadrar sumas y restas se encuentra en los bolsilllos del PP.

Y esta es la gran falacia, la gran mentira de la izquierda.
Porque, corrupción aparte, el grueso de los dineros que faltan para la sustentación de nuestro sistema de pensiones está en el Estado de las Autonomías, en sus burocratizadas 17 mini Taifas, está en las brutales ayudas de integración para inmigrantes (vivienda, escolarización, alimentación, asistencia médica, etc), está en la asistencia médica universal de tapadillo que la Seguridad Social española regala, está en la partitocracia, esos meretrices de la banca cuya estructura recuerda a corporaciones multinacionales pero con la particularidad de que no generan dividendos, está en definitiva en todo aquello que la zurda venera, alienta, protege e impulsa.

Y mientras tanto, Cataluña sigue enredada en el laberinto del minotauro, sin ninguna salida más que el aplazamiento pactado de la fractura de España.

Por todo ello, y sumando a nuestra incapacidad para hacernos oir, las leyes que se aprobarán proximamente para reglamentar nuestro ostracismo definitivo, solo me queda suplicar:

¡Llevadme ya al Gulag, por compasión!

LARREA   MAR/2018

 

 

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