UNA ANOMALÍA DE LA NATURALEZA

Hace algo más de dos años, los medios de comunicación lanzaron al aire la primicia del descubrimiento de un bicho volador invisible, altamente letal y peligroso, que podría agredirnos en cualquier momento si no acatábamos las normas que el gobierno en su magnánima benevolencia, había tenido a bien implementar para salvarnos la vida.

Nos comunicaron que tendríamos que permanecer en nuestras casas por tiempo indefinido, olvidándonos de nuestro trabajo y vida social, para evitar que ese bicho tan peligroso actuase; yo, que soy de naturaleza desobediente, hice caso omiso de esa ordenanza y salí a pasear alegremente y a confraternizar con mis amistades todos los días.

Nos instaron a ponernos un bozal dificultando el normal funcionamiento de nuestras vías respiratorias, para así poder frenar la macabra actuación de ese bicho imaginario; en mi caso, además de contravenir esa norma tajantemente, animé a todo el mundo a hacer lo propio.

Nos prohibieron viajar entre provincias para evitar la propagación de ese ente maligno al que nadie ha visto nunca, pero yo decidí arriesgarme, saltándome los cierres perimetrales a la torera y el resultado fue altamente divertido y edificante.

Insistieron en que evitásemos las aglomeraciones, porque el patógeno fantasma estaba al acecho en ese tipo de situaciones, pero a mí me encantan las multitudes y no pude evitar ir a cada manifestación, fiesta o congregación que se celebrase en mi ciudad o en otras ciudades y provincias, para abrazar a todo el mundo, besarnos, e incluso beber del mismo vaso.

Por fin, después de una investigación exhaustiva por parte del comité de expertos, junto con Fernando Simon, Belen Esteban y Antonio Resines, dieron con una solución definitiva, a través de una vacuna experimental, de la que ningún fabricante se responsabiliza ante posibles efectos adversos; y yo, que soy de naturaleza desconfiada, les dije amablemente que podían meterse todas mis dosis por el culo, sin ningún tipo de problema.

Durante estos dos años y medio, nunca me he puesto un bozal, he viajado, he disfrutado de multitudes y aglomeraciones y por supuesto jamás me he inoculado vacunas o fármacos de ninguna clase; después de incumplir todas y cada una de las normas, consejos y recomendaciones promovidas por el gobierno, mi salud, lejos de empeorar ha mejorado considerablemente, por lo que podríamos decir que soy una “anomalía de la naturaleza”… eso, o que soy un tipo completamente normal, y la supuesta pandemia de covid 19 ha sido la mayor estafa institucional perpetrada en toda la historia de la humanidad….

Que cada cual saque sus propias conclusiones, yo desde luego jamás he tenido la más mínima duda.

Mártin Sánchez 

Reflexiones desde la trinchera

https://t.me/martinsanchezrockdisidente

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate